Las pugnas polí­ticas por el control del poder


En respetuoso y fraternal homenaje al amigo y compañero Carlos Enrique Wer, fallecido en Cuba el fin de semana, y en solidaridad y con sentidas muestras de pesar a su señora madre, su compañera e hija y a todos quienes se identifican con sus ideales y continúan en la lucha por una Guatemala emancipada y un mundo mejor

Ricardo Rosales Román
rosalesroman.cgs@gmail.com

Hay quien asegura que la polí­tica es de lo más corrupta y detestable. A fuerza de repetirlo, no son pocos los que así­ lo crean. Lo mismo sucede con la realidad. En algunos casos, se dice que ésta supera a la ficción. Lo cierto es que la polí­tica, cuando está en manos de corruptos, acaba convirtiéndose en un quehacer perverso. La polí­tica la corrompen quienes la utilizan con aviesos propósitos.

Lo que acontece en un momento dado no es que supere a la ficción. Por exagerado que parezca, si se le ve así­, termina distorsionándose, se le exagera y al exagerársele se le descontextualiza, supone quedarse en lo superficial y externo, y no permite ahondar en sus causas, manifestaciones y consecuencias ni explicarlo e interpretar con objetividad.

La realidad, en todo caso, depende del sistema y modelo adoptado. La nuestra, corresponde a un sistema económico y social injusto y un modelo en prolongada crisis. Su caracterí­stica principal está determinada por el atraso, la dependencia, el subdesarrollo, la discriminación y exclusión social. La polí­tica, por su parte, ni está al margen de esa realidad ni del sistema imperante y el modelo institucionalizado.

Sin ninguna exageración se puede decir que en nuestro paí­s el poder polí­tico ha devenido en lo más nefasto y corrupto. No otra cosa sucede con el sistema de partidos. Tanto el poder polí­tico como el sistema de partidos, a partir de 1954, se han institucionalizado en interés de los distintos sectores y facciones de las clases dominantes. Es en el marco de esa realidad, que tienen lugar las pugnas por el control del poder polí­tico y la gestión pública.

No se necesita hilar muy fino para desentrañar lo que en realidad está detrás de lo que ha estado ocurriendo en el paí­s últimamente. Al respecto, es mucho lo que se podrí­a decir. Y como por algo hay que empezar, por ahora me circunscribo a la elección de Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, y de las Salas de Apelaciones del Organismo Judicial.

De entrada, advierto que en ningún momento pongo en duda la urgencia, necesidad y procedencia de la lucha contra la impunidad, sus causas, manifestaciones y secuelas, el crimen organizado, los poderes paralelos, la corrupción y el tráfico de influencias.

Sin embargo, las referidas elecciones -efectuadas de conformidad a las disposiciones aprobadas respecto a las comisiones de postulación, su elección e integración, el proceso de selección de candidatos y las votaciones en el Organismo Legislativo-, han puesto al descubierto las disputas entre los que trataron de mantener en los cargos a sus escogidos o asegurar que los que les sucedieran no afectaran sus privilegios, y quienes los enfrentaron mediante una campaña concertada y publicitada como noticia e información cuando no a manera de opinión de columnistas «independientes».

Los que resultaron electos y los que trataron de ocupar su lugar -aunque no son parte de los tradicionalmente sectores conservadores de la rancia oligarquí­a y los potentados locales- representan sus intereses, y se identifican y apuntalan con sus decisiones el sistema económico y social institucionalizado y su modelo impuesto. Puede que haya más de una excepción.

Lo cuestionable es la deslegitimación de más de alguno de los candidatos propuestos y que no fue suficientemente comprobada, así­ como las presiones abiertas y subrepticias. Lo uno y lo otro acabó por contaminar más un proceso ya de por si afectado por falta de transparencia.

Unas elecciones, en tales condiciones, no permite hacerse a la idea de que garanticen la independencia del Organismo Judicial, la depuración del sistema de justicia, la lucha contra la impunidad y lo que se ha dado en llamar el debido proceso. En mi opinión, no pueden dejar de verse al margen de las pugnas por el control del poder polí­tico.

En cuanto a mucho más de lo ocurrido en estos dos primeros meses y medio del 2010, en su complejidad y gravedad, lo importante es que permite disponer de suficientes elementos para analizar, caracterizar y opinar acerca de tan crí­tico, complicado y relativamente corto perí­odo de nuestra historia más reciente. http:// ricardorosalesroman.blogspot.com/