Para muchos guatemaltecos la cercanía de la fecha de las elecciones constituye un alivio porque piensan que así terminará esta campaña que hasta el mismo presidente Berger calificó de aburrida al decir que ninguno de los candidatos logró despertar el entusiasmo de la gente. Sin embargo, pienso que en estas dos semanas los ciudadanos debiéramos exigir a los partidos que se las llevan de serios que aborden el tema concreto de la gobernabilidad y de cómo enfrentarán la crisis de las instituciones del Estado, puesto que al respecto poco es lo que han dicho y en ello está la clave y piedra angular de sus posibilidades de hacer un buen gobierno.
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Porque es un hecho que todos pueden recitar de memoria su listado de buenas intenciones llamado plan de gobierno en el que describen la forma en que atenderán las necesidades de seguridad, salud, educación, generación de empleo, cobertura social y cualquier lindura que se les pueda ocurrir a los técnicos. Algunos, los más «serios», hasta llegan a decir cómo se proponen lograr tanta belleza, aunque ninguno dice cuánto costaría hacerlo y de dónde sacará los recursos para asegurar esa transformación.
Sin embargo, yo sostengo que todo lo dicho son puras babosadas si no entienden que hay una crisis institucional que impide al Estado cumplir sus fines constitucionales, no digamos esos maravillosos planes que los expertos elaboran a partir de las conocidas necesidades de la población. Algunos expertos hacen sesudos estudios para afirmar que Guatemala no ha llegado a ser un Estado fallido y que es exagerado afirmarlo porque existen indicadores que demuestran que nos falta todavía para alcanzar esa triste condición. Pero cuando vemos lo que según los indicadores nos falta vemos que no sólo es muy poco, sino que en las áreas en las que más falta hace tener un Estado capaz de cumplir sus fines es en las que peor estamos.
En efecto, la gobernabilidad del país es difícil porque no disponemos de instituciones que puedan dar respuesta a las necesidades del país. En materia de seguridad, mientras tengamos todo un sistema diseñado para alentar y favorecer la impunidad, es imposible que se pueda lograr la prevención porque el delincuente en Guatemala tiene la certeza de que puede cometer sus crímenes sin temer al peso de la ley.
Y si vamos a la utilización de los magros recursos, tenemos que decir que una de las instituciones que no funciona es la Contraloría de Cuentas y por lo tanto lo más probable es que el poco dinero disponible pueda ser desviado para ir a parar al bolsillo de algunos largos porque el país tiene también un sistema que alienta la corrupción.
Y así podemos ir citando una a una las instituciones, empezando por las encargadas de la salud pública que no pueden siquiera tener hospitales con los insumos mínimos para salvar vidas y educación, donde el dinero más importante es el de la propaganda porque el de inversión lo trasladó la ministra al Ministerio de Comunicaciones pensando que es mejor tener un buen aeropuerto que tener buenas escuelas y maestros suficientes para atender a la población escolar.
Repito que en dos semanas los candidatos tendrían que decir cómo harán que el Estado funcione, porque de lo contrario quedará confirmado que sólo hablan pajas y darán la razón a los que creen que nadie está entendiendo el desafío de un país cuyas instituciones están en crisis.