Las preocupaciones relativas de los ex gobernantes


Si fueran personas a las que les preocupara su reputación, honorabilidad y crédito, las figuras de í“scar Berger y Eduardo Stein (por evocar dos nombres de la farándula polí­tica), estarí­an preocupadas por las investigaciones que realiza la CICIG y que, de alguna manera, los involucra en una presunta limpieza social durante el gobierno en el que participaron.

Eduardo Blandón

Las personas suelen preocuparse por su nombre y en consecuencia cuidan sus actos y velan por no involucrarse con quienes puedan ensuciar el prestigio propio.  En general piensan que la mejor herencia a sus hijos tiene que ver con la buena fama y la pureza del nombre.  No sucede así­, sin embargo, con los polí­ticos.

El animal polí­tico es distinto.  En primer lugar, la fama y el nombre no tienen ninguna consideración para ellos.  Se tratarí­a de conceptos vací­os, huecos,  muy relativos y carentes de contenido, al que sólo las personas bobas y débiles de carácter pueden preocuparle.  Los polí­ticos se consideran más allá del bien y el mal.  Son seres superlativos a los que la moral sólo les interesa por razones de conveniencia.

Es cierto que usted los puede ver frente a las cámaras de televisión, compungidos y tristes, apesadumbrados y con la cola entre las piernas, pero eso no es nada más que un teatro de bajo nivel o una novela para personas con deficiente gusto artí­stico. Incluso los puede ver visitando las cárceles, viajando a España para mostrar solidaridad, pero todo es parte de un show para distraer a la opinión pública.

Al animal polí­tico pocas cosas le preocupan.  Quizá sólo el dinero, su carrera polí­tica y/o el ascenso en su carrera profesional polí­tica.  Mire el teatro desde ese ángulo.  Si salen en la televisión o viajan a España no es por pena moral, por remordimientos de conciencia, solidaridad o amistad.  Lo hacen porque tienen miedo de que se acabe su fortuna, acaben en una cárcel o su estrella de ascenso polí­tico termine súbitamente.

Los animales polí­ticos, eso son nuestros ex presidentes arriba citados, están en alas de cucaracha, porque la CICIG estarí­a por demostrar que ese gobierno violó los derechos humanos y se dedicó a la limpieza social.  Eso serí­a fatal, porque pondrí­a al gobierno de la administración Berger al nivel de las peores administraciones asesinas, corruptas y siempre dispuestas a sembrar el terror y la muerte. 

Pero eso no les preocupa al binomio del pasado.  Más bien, me temo que sufren porque su buena estrella polí­tica y profesional, sus negocios, a futuro queden afectados para siempre.  Así­ son de distintas las preocupaciones humanas.