Las playas de Rí­o limpias…


Flotador de pescado muerto sobre las aguas contaminadas de Bahí­a Guanabara, estado de Rio de Janeiro, Brasil. Aproximadamente 465 toneladas métricas de basura (gasto), la una o la otra basura doméstica, aguas residuales, plástico, el pescado del aceite, muerto y aplicaciones rotas eléctricas son vertidas diariamente en la Bahí­a Guanabara.

Las playas de arena blanca en el suntuoso decorado de la bahí­a de Rio, al pie del Pan de Azúcar, hacen soñar. Pero cuidado: el mar está tan contaminado que se aconseja no bañarse y los pescadores recogen tanta basura como peces.


«La contaminación es de todo tipo: aguas cloacales, basura, pesticidas, aceites de uso doméstico. A eso hay que sumarle la contaminación de numerosas fábricas y el tráfico marí­timo intenso», explicó Carlos Minc, secretario de Medio Ambiente del gobierno del Estado de Rio, en el cargo desde hace un año, que se manifestó resuelto a poner fin a esta situación.

Los pescadores son los primeros en quejarse del agua marrón y a menudo maloliente de la bahí­a. Una gran parte de los desechos de los 10 millones de cariocas se arrojan directamente al mar.

Joaquim Popo, de 56 años, vio cómo la bahí­a que conoce palmo a palmo se deterioró poco a poco. La pesca se volvió más difí­cil y, según él, atrapa tantos desechos como peces.

«Mire lo que viene del fondo: basura. Esto es lo peor que ha inventado el hombre: la bolsa de plástico», indica, retirando su caña de pescar del agua, de donde cuelga una vieja bolsa amarilla.

Militante ecologista de larga data, el secretario de Medio Ambiente recuerda que desde 1995 existe un programa de descontaminación de la bahí­a de Guanabara (o Rio) en el cual se han invertido más de 1.000 millones de dólares. Sin resultados visibles.

«Se han inaugurado estaciones de tratamiento de las aguas pero sin que se construyeran las redes cloacales», indicó apuntando a un mal extendido: la mala planificación de los trabajos, la utilización de materiales de baja calidad y la sobrefacturación.

La primera etapa del programa preveí­a hacer pasar de 15% a 50% el tratamiento de las aguas residuales pero en 12 años logró sólo el 30%.

Para alcanzar este objetivo de aquí­ a 2011 el Estado de Rio debe inyectar otros 1.000 millones de dólares.

En junio una nueva estación de depuración comenzará a funcionar y deberí­a retirar de la bahí­a «el equivalente a dos estadios de fútbol llenos de desechos por dí­a», asegura Carlos Minc.

Además, se crearon cooperativas de recuperación del aceite de cocina en los restaurantes y hoteles -y pronto entre los particulares- para retirar 2 millones de litros de aceite por año, que tapan las canalizaciones y contaminan la bahí­a. Como beneficio adicional, este aceite vegetal es reutilizado para fabricar jabón y biodiesel, un carburante menos contaminante que la gasolina. Actualmente este programa emplea a 500 personas.

Pero para Minc no hay una cosa por hacer sino muchas: las aguas residuales, la basura, la educación ambiental, mejorar el estado de los rí­os, reforestar, controlar las empresas, coordinar a las distintas municipalidades y educar a la población.

«Cuando se hacen operaciones de limpieza de los rí­os que desembocan en la bahí­a se sacan todo tipo de cosas: autos, televisiones, neumáticos, refrigeradores. Todo el mundo tira todo en los rí­os. Por lo tanto, además del gobierno y de las empresas, la población también tiene que hacer su parte del trabajo», explicó.

Actualmente está desaconsejado bañarse en la bahí­a. El objetivo anunciado del secretario de Medio Ambiente es que algunas playas puedan usarse de aquí­ a cinco años y que todas puedan disfrutarse dentro de 10.

«Mire lo que viene del fondo: basura. Esto es lo peor que ha inventado el hombre: la bolsa de plástico».

Joaquim Popo

pescador de 56 años