Gabriel Morales Castellanos
Universidad de San Carlos de Guatemala
«Cristo se hizo obediente por nosotros hasta la muerte y muerte de cruz». San Pablo.
Desde hace algunos años al haber ubicado varias pinturas con temática pasionaria donde el protagonista de las mismas es el Niño Jesús, nos hemos dado a la tarea de buscar otras, esta acción ha dado sus frutos al poder localizar diversas obras pictóricas con este contenido de género religioso.
No cabe duda que la iglesia católica necesitó de estas obras, no solo como elementos decorativos que ornamentaban sus muros, sino además como medios didácticos por medio de los cuales podía transmitir a las multitudes analfabetas los dogmas de la religión.
Sobre esta advocación Cristológica con contenido dramático, se han realizado gran cantidad de obras que hemos tenido la oportunidad de observar, y en todas se aborda el trágico destino de Jesús, desde el momento de su nacimiento, ya que al ser adorado por los pastores, entre los obsequios que le llevan hay una oveja atada de las patas, en alusión a que él será en un futuro, el cordero pascual.
De igual manera en la representación de la Epifanía uno de los reyes magos le obsequia la mirra, resina aromática con que se ungía el cuerpo de los muertos, esto en alusión a que en su calidad de ser humano, ha de fallecer. En razón de esto, Leticia Arbeta Mira, indica: «desde el inicio, Navidad y pasión van unidas en la iconografía cristiana, como principio y fin de la redención».
El Niño Jesús es el mártir-héroe de estas obras pictóricas, las cuales se refieren en términos generales a su ingrato y cruel destino, en algunas de ellas está sentado rodeado de las Armas Christi, en otras de ellas duerme sobre su cruz y complementan la escena algunos signos de la pasión.
El infante protagónico también es representado como Nazareno cargando la cruz, parado sobre las rodillas de su padre putativo; el patriarca San José, proyectando premonitariamente en esta acción, una «síntesis de sus últimos momentos de vida».
En otras obras que igualmente dramatizan su vida infantil, abraza el máximo signo de la redención, y a la vez muestra su sufriente corazón del cual brota sangre que bebe un cordero, cual manantial de agua viva.
Esta variante de temática pasionaria era factible de realizarse en una sociedad como la de la Guatemala de la época de la dominación hispánica, altamente religiosa católica y llena de misticismo, que requería de imágenes impresionantes e impactantes, en el proceso de evangelización.
Solo así podemos entender un arte que proyecta un asunto de alguna manera incongruente, a partir que se unifica en un cándido y dulce infante una patética ternura y un destino nada grato.
En este trabajo es importante subrayar el origen de esta temática Cristológica infantil, mencionando que una fuente está en la devoción contrarreformista vinculada a la iconografía de la meditación de acuerdo a Jaime Cuadriello.
Héctor Schenone encuentra la inspiración de esta temática en la literatura piadosa tardomedieval retomada y revitalizada por la religiosidad contrarreformista, y en la literatura mística ascética, impulsada a partir de la contrarreforma. Por otra parte, otro elemento que podría ser inspirador, es el relato de visiones que tuvieron algunas religiosas en relación a la pasión del Señor, en este particular caso el de la Beata Osanna de Mantua.
Para este 2008 el autor ha escrito sobre dos pinturas inéditas para el Suplemento de Semana Santa del Diario La Hora. Dichas pinturas abordan esta incongruente temática pasionaria en la persona del Niño Jesús.
De esta temática premonitoria en la pintura religiosa de Guatemala se ha localizado una obra, que al igual que las anteriores referidas, aborda el ingrato destino cargado de sombríos momentos a cumplirse en años futuros en la figura del Cristo viviente.
Esta es una pintura que como contenido proyecta un contenido redentorista, y todo en razón del amor de Dios hacia la humanidad, materializado en el Niño Jesús, infante cuya suerte está prevista desde la eternidad a sufrir los dolores de la pasión y la más infame y cruel muerte, cual malechor en una cruz.
En Europa se dio una temática pictórica poco representada, que tenía por asunto «Cristo acepta la cruz», y muy rara en la época de la dominación hispánica según estudio de Héctor Shenone, indicándonos este autor que cita para el efecto a Juan Interián de Ayala, que la misma tenía como antecedente algunas obras tardomedievales «en las que aparece el Padre ordenando al Verbo su Encarnación y a este aceptándola con humildad».
La pintura a la que nos referimos, está ubicada en la iglesia parroquial de San Juan Bautista, en la cabecera municipal de San Juan Amatitlán, siendo esta la reproducción de un original, efectuada en el siglo XIX, factiblemente de un grabado, por un texto escrito en la obra.
Esta obra tiene como característica una factura popular. Sin embargo, en su contenido la misma presenta una iconografía asociada al plan de la redención de Dios respecto a los seres humanos, siendo a la vez la primera pintura que en la temática que estamos tratando se ha representado a la Santísima Trinidad.
La pintura nos presenta una sucesión de escenas, dos específicamente, siendo una de ellas un paisaje con montañas, un lago; factiblemente el de Amatitlán, con animales creados por Dios, con ellos Adán y Eva; es la representación del paraíso terrenal.
Los primeros seres humanos creados presentan su cuerpo desnudo, debajo del árbol del fruto prohibido; la serpiente deslizándose de las ramas da a Eva la manzana y esta a Adán, el pecado original se ha cometido.
La otra escena se sucede en un espacio aéreo, el Padre Eterno, cual anciano da a su Hijo niño la cruz de su martirio, quien desciende sobre una nube a la tierra, aceptando antes de nacer su sacrificio, y llega a este orbe cual nuevo Adán, por tener su pie izquierdo sobre la serpiente.
El Niño Jesús toma la cruz con su mano derecha y apoya la misma sobre el hombro del mismo lado, la corona de espinas está colocada en la cabeza del máximo símbolo de redención y el futuro cordero pascual lleva en su mano izquierda los tres clavos, en la escena tanto el Padre como el Hijo se miran.
El Espíritu Santo vuela abajo del Padre, un rompimiento de gloria aparece atrás del triangular nimbo del eterno anciano, un par de ángeles y un par de querubines entre nubes contemplan la escena.
La otra pintura a la que nos referiremos en esta oportunidad, es la que nos muestra al Niño Jesús en una escena en el interior de una habitación, él esta sentado, vestido de túnica rosada y muestra su corazón, con su mano derecha toma el dedo de la mano izquierda que se ha herido y sangrado al tejer su corona de espinas, la cual yace sobre sus piernas.
La habitación en mención presenta una ventana, a partir de la cual se pueden ver las copas de unos árboles, a la vez el rayo de luz que ilumina el rostro y el corazón del Niño, la escena se complementa con una mesa cubierta con un mantel de color rojo, sobre la cual están colocados los tres clavos, la cruz y el letrero con el INRI.
Esta variante de pintura, son una versión de las que tienen por asunto, escenas que se suceden en el interior del hogar de la Sagrada Familia, teniendo la última referida un valioso antecedente pintado por Francisco Zurbarán, donde el Niño Jesús se ha herido el dedo con su corona, y esta herida se convierte en presagio de los sufrimientos que un día en el futuro ha de padecer.
Este pintor es autor de otra obra con similar contenido, en la cual la Santísima Virgen está cosiendo sobre su almohadilla y que al ver la herida de su Hijo, prevé su futura pasión.
Al pintor Bartolomé Esteban Murillo se le atribuye otra pintura que se exhibe en el Museo El Ermietage en Rusia, que tiene como contenido el presagio de la pasión a través del Niño Jesús que teje su corona de espinas.
Con estas líneas hemos llegado al final de este artículo no sin antes dejar plasmado mi agradecimiento al sacerdote Héctor de León de la parroquia de San Juan Bautista de Amatitlán y al Licenciado Javier Calderón González por las facilidades que brindaron al autor para poder conocer de cerca estas pinturas y a su vez fotografiarlas. A ambos mi comprometida gratitud.