Espero que la televisión internacional no me saque a mí emitiendo mi voto, para ilustrar la nota de unas elecciones conflictivas en Guatemala.
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Creo que de vez en cuando es bueno dejar remojando el hígado e intentar de ver la situación con humor. Eso me pasó cuando, la semana pasada, veía el noticiero de un canal español, que informaban sobre el proceso de las elecciones en Guatemala. En primer lugar, me pareció que el reportaje televisivo era muy inexacto, pues confundía nombres, partidos, en una gran maraña de información.
Yo, como guatemalteco, me di cuenta de que había muchos defectos; pero, más que eso, me dio cierta risa pensar que las elecciones en Guatemala se estaban viendo casi como si fueran las del Congo, Sierra Leona, Haití, o de uno de esos lugares donde la democracia es muy débil.
Y no es mentira. Viéndolo desapasionadamente, las elecciones en Guatemala han estado marcadas por la violencia, la corrupción, la falta de transparencia y las pocas propuestas de los políticos. Y para terminar de rematar, un montón de candidatos a la presidencia, cuando, en otros países, si mucho llegarán a cinco contendientes.
El reportaje expuesto en la televisión española, mostraba a Rigoberta Menchú (quien, por mucho, despierta la mayor parte de las simpatías para ganar la Presidencia alrededor del mundo, en parte por su proyección internacional) encendiendo una veladora para exigir el cese de la violencia política.
A continuación, el reportaje mostraba al ex comandante César Montes, quien dos días atrás para la fecha del reportaje, había sufrido un atentado, que se presume político; erróneamente, los españoles consignaban a este personaje como Héctor Rosales, el candidato presidencial del DIA.
La noticia parecía aumentarse con ese error: «Candidato a presidencia guatemalteca sufre atentado». Sin embargo, para los ojos españoles y de cualquier extranjero, da igual que fuera presidenciable o cualquier político: la violencia política es siempre imperdonablemente asombrosa.
Para cerrar con broche de oro, el reportaje español mostraba a Efraín Ríos Montt, como el candidato principal de un partido para optar al Congreso. La televisora se lamentaba que un general acusado de genocidio pudiera acceder a ser diputado, y, aún peor, a estar hablando de ejecuciones extrajudiciales. «Es el burro hablando de orejas», pensaría cualquier español o extranjero. Es como cuando se leen noticias como que Fujimori era candidato al Senado japonés. Así de mal nos vemos.
En conclusión, en ese reportaje español vi a las orejas del burro; mientras que acá nos empeñamos en decir que éste es un proceso democrático. Somos el burro hablando de orejas. (http://diarioparanoico.blogspot.com/)