Siempre se ha dicho que la sociedad guatemalteca es una sociedad de machistas y patriarcal, donde la mujer es relevada a realizar solamente el trabajo doméstico, el cuidado y crianza de los hijos y atender a su marido. Esta creencia se ha visto más acentuada sobre todo en el interior del país, en donde la mujer hasta tiene prohibido expresarse o involucrarse en actividades sociales, deportivas o políticas.






Pero en los últimos años, con la apertura de espacios y la igualdad de géneros creando oportunidades para que la mujer pueda expresarse, y participar más en las diversas actividades en las que se desarrolla la sociedad del país, las féminas reclaman lugares que antes solamente eran ocupados por los hombres.
Uno de los espacios donde las mujeres han exigido inclusión y han logrado tomar un lugar, claro que con críticas y desaprobación de ciertos sectores conservadores, es la música, donde cada día son más las féminas que participan en bandas de rock, como solistas, o que rapean, scrachean (término utilizado en el slang del Hip-Hop para quien realiza mezclas musicales en tornamesas) o integran crews (equipos) de breakdance.
Junto con las mujeres artistas que pintan, escriben y modelan esculturas, las artistas de la música plasman sus sentimientos, emociones y frustraciones o desamores, a través del canto o la ejecución de instrumentos como la guitarra, la batería, el bajo, o la tornamesa.
Y al tomar los escenarios y dar a conocer sus composiciones, la mayoría en el público escucha con atención a lo que ellas tienen que decir. Habrá siempre quiénes solo tendrán algo negativo que decir, o referirse a ellas como «nah, es una banda de mujeres, no creo que toquen algo bueno», como le ha tocado sufrir a la mayoría de las artistas que al plasmar su música y compartirla con los demás han debido de sufrir. Pero como ellas mismas manifiestan, el machismo existe porque hay mujeres que se dejan abusar, y mientras haya críticas negativas, también las habrá positivas.