Cuando alguna vez se habla de la felicidad, aunque sea de refilón en las clases de Antropología Filosófica, recuerdo que se insiste en que esta es producto de una conquista. Se es feliz porque yo me la procuro. “Todo es cuestión de actitud”, dicen los estudiantes cuando comentan: se puede ser feliz en medio de la adversidad porque me lo propongo.
Y luego citan al clásicoViktor Frankl que aun cuando vivió tres años en los campos de concentración de AuschwitzyDachau, logró superar el mal momento. Se trata de darle un sentido a la vida, concluyen.
Yo también me he creído esto a pie juntillas, pero un artículo en días pasados me ha hecho dudar. Resulta que los científicos han descubierto recientemente eso que han bautizado como “gen de la felicidad”, el que explicaría la dicha no como producto de mi esfuerzo (conquista) sino como derivado de condiciones biológicas. En efecto, dicen, hay un gen que explicaría, al menos en las mujeres, porqué tienen más inclinación (y son en verdad) más felices que los hombres.
Se trata del gen de la monoamina oxidasa A (MAOA), que regula una enzima (dicen los expertos) que descompone neurotransmisores cerebrales como la serotonina y la dopamina, dos sustancias que provocan bienestar. Lo curioso del caso es que cuando aparece este gen en las mujeres produce un estado de satisfacción, gozo o dicha (felicidad, pues), mientras que en los hombres origina inclinación a la guerra. Por lo que, sugieren, este es el gen que podríamos responsabilizar de las guerras fratricidas entre los machos.
Un artículo publicado en la revista francesa L’Express dice que “este descubrimiento confirma los estudios precedentes, según el cual las mujeres aun cuando están más inclinadas al estrés, se dicen más felices que los hombres”.
Sin embargo, no se vaya a creer que este gen es un regalo de la naturaleza para todas las mujeres. Parece que no. Aquí se trata más bien de la fortuna o el azar porque mientras a algunas féminas les toca en suerte una copia, otras pueden tener dos y si les va mal, ninguna. Se explicaría así porqué algunas parecen más felices que otras. Conclusión dice L’Express, “la capacidad de cada una a ser feliz dependería del número de copia que ellas posean”.
Curioso, ¿no? A partir de estos estudios (este fue publicado por la revista Progress in Neuro-Psychopharmacology and Biologican Psychiatry), uno debería ser más cauto cuando habla de la felicidad porque al parecer no bastan las circunstancias externas para ser dichoso, es necesario tomar en cuenta también los condicionamientos biológicos (genéticos) que explicarían porqué a veces nos sentimos miserables y con ganas de desaparecer.