Las manifestaciones inciden negativamente en la vida activa del país


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Progresivamente y sin mayores esperanzas de satisfactoria solución inmediata, se ha puesto la situación que afecta en diversos aspectos la vida nacional.

Tal problemática la podemos atribuir, casi por completo, a los líderes politiquientos y a sus seguidores que van de largo en sus juegos harto conocidos.

Marco Tulio Trejo Paiz


    Actualmente –y desde hace alrededor de seis décadas- se ve una incesante agitación en los eriales del partidismo, en los del sindicalismo y en los de grupos raciales que ocupan ambientes urbanos y rurales de nuestro territorio.

    Todos esos actos, motivados por descontento e insatisfacciones entre millares de hombres y mujeres como en disfrute de vacaciones y de ocio, están ocasionando mucho daño al país en su vida activa. Detienen, lamentablemente, el avance hacia promisoria meta y, casi, casi, la situación es de estancamiento.

    Las soflamas de los dirigentes de un sector de la masa social –ladinos e indígenas-  denotan ardor y furor. No se repara en el grave daño que se causa a los caros intereses de la patria, sino sólo en los estrechos intereses del sectarismo.

    Anda por aquí  y por allá el run run de que activistas de otros lares y de izquierda locales pueden estar metiendo manos y trompas en la olla en ebullición de la politiquería nacional e internacional con propósitos de actualidad y “futuristas”…

    Debemos los guatemaltecos de la galería, observando el diario acontecer en el escenario, meditar bien nuestra actitud a fin de ver qué podemos hacer para evitar o siquiera paliar lo que en vez de beneficio sea de perjuicio para Guatemala. Permanezcamos a la expectativa o declarando, según lo demanden las circunstancias, un alerta amarilla o una roja…

    Los julos del cuento, o sean los de la politiquería y del sindicalismo, entre otros grupos, deben apuntar en sus acciones de hecho o permitidas por la ley, a la superación integral de este suelo centroamericano, porque necesita empuje para ir con paso firme en posición de vanguardia y no de retaguardia respecto de otros países del área o de fuera del área en que nos encontramos.

    Costa Rica y El Salvador están marchando bien o bastante bien en la obra propia de ambos estados. Nos están metiendo  zancadilla, por así decirlo.

    La democracia no entrecomillada debe demostrar su fuerza y todas sus bondades a nuestro pueblo sin distingo alguno.

    Hay, como se sabe, maquinaciones con tendencia a trastrocar la institucionalidad  democrática de nuestro país, de otros países del istmo y del resto de  América Latina, para implantar un sistema con careta “democrática” opresivo, semejante a lo monárquico, que deje puertas abiertas para que hagan gobierno a la soviética, ilimitadamente en el tiempo, los ideológicamente anacrónicos. Ya está la “realeza” del cuento, como ejemplo muy ilustrativo, en lo que hace a  las osadas pretensiones de cierta gente que aspira a mangonear posiciones  de eterno mando dictatorial y de medro sin tasa…

    El “pisto” y dar rienda suelta al autoritarismo brutal, constituyen el quitasueño de los “ombres” (sin h) a que nos estamos refiriendo. Podríamos hacer las citas pertinentes, pero mejor optamos por poner punto y aparte…
   
    Nuestro país puede llegar a las avanzadas del progreso, sin necesidad de tecomates para nadar. Tiene la condición de ser privilegiado por la Naturaleza, pero todo depende de que los timoneles de la nave gubernamental actúen con eficiencia y honestidad. Otros países ya quisieran poseer los recursos de este sacro suelo, que son un tesoro inapreciable.

    Conviene soslayar la anarquía que viene cobrando auge en nuestra parcela ístmica. Mediante el diálogo puede lograrse lo que con supuesta  justa razón se está pidiendo en las plazas, en las calles y en las carreteras, pero es menester deponer beligerancia y dar paso al trabajo y a la paz verdadera.