Las intenciones del Presidente


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El anuncio se extendió como pólvora, el nuevo Presidente anunciaba que propondría ante el foro de mandatarios de la región centroamericana, la idea de despenalizar lo relacionado a la droga. La expectativa no se hizo esperar, inmediatamente la prensa lanzaba la idea con cierta reserva de audacia.

Julio Donis

 


A los homólogos centroamericanos no les quedó otra que aplaudir la propuesta, sin embargo su adhesión concreta a la misma aún se espera, deberá ser objeto de un detenido enfoque, falta verificar las consecuencias locales e internacionales de la misma, falta esperar la seriedad o la superficialidad con que haya sido dicha la misma. En el peor de los casos, ellos tienen la ventaja de evitar el desgaste político, que si correrá él que la hiciera pública o la liderara, y en el mejor de los casos, compartirán los beneficios de llegar a desarrollarse la misma. Ni lo uno ni lo otro, la complejidad de intereses alrededor del meganegocio de la droga aún no tienen comparación ni definición que logre exponer una dimensión real de los alcances de la misma. ¿De dónde vino esta idea del Presidente? ¿Fue dicha con verdadera intención o fue dicha como quien deja ir un comentario al aire para ver qué reacciones provoca? Las primeras declaraciones en la opinión pública son de beneplácito moderado, algunas más oportunistas reclaman con suspicacia algún derecho de primacía, entre estos se puede notar algunos columnistas que con cuidado, han escrito, “como lo dije hace tiempo”. En otros corre el desconcierto, no se esperaba una idea de esta pauta de un Presidente de este tipo.  A dos semanas del anuncio, no está clara la intención del Presidente si fue audacia o fue impertinencia. La noticia ya provocó la reacción, crítica y la incomodidad de Washington, su embajador se dio cita ya en la casa de Gobierno y esta semana se dará en encuentro con la Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano. Para el fin de semana, la prensa ya indicaba que para el Presidente, la despenalización de la droga, es solo una opción entre un menú que tiene otros suculentos platos de apoyo. Para ese mismo fin de semana la posición del Presidente empezaba un sutil alejamiento de la idea que el Estado de Guatemala fuera el único en promover la citada propuesta. Sus palabras indicaban que la despenalización avanzaría si todos los países estaban de acuerdo en la misma. De la región, el presidente Funes de El Salvador y Chinchilla de Costa Rica han indicado públicamente su apoyo. ¿Está preparado el Presidente para recibir el apoyo sobre la despenalización, de Estados que no son naturales aliados como Chávez, Correa y Morales? Históricamente la política internacional de Guatemala ha sido consonante con los intereses del vecino del norte, basta ver las posiciones en la asamblea de la ONU al respecto del bloqueo a Cuba, el voto anuente de Guatemala para el ingreso del Estado de Israel, o más recientemente en el debate sobre el Estado Palestino. Más allá que tengamos una silla en el Consejo de Seguridad, la de este país ha sido una política internacional, si se puede considerar que la tenemos, de orden estéril y sin personalidad. El discurso de toma de posesión del Presidente confirma lo que acabo de indicar, las alusiones a la participación en la regionalidad, fueron tímidas o conservadoras. En este plano, las preguntas sin respuestas continúan alrededor del tema. ¿De quién fue la idea de hacer pública esta intención? ¿Estamos preparados para liderar un esfuerzo político y regional de esta envergadura? ¿De qué manera de implementaría la despenalización a la droga? Si apenas tenemos Estado para atender la salud y la educación, ¿de qué forma lo haríamos para despenalizar el consumo, la distribución, el almacenamiento y otros subprocesos? Me parece que la perspectiva de largo plazo de aquella propuesta se empieza a diluir y se empieza a convertir en alternativa, a pesar del dicho popular que a golpe dado no hay quite.