Las guerras del siglo y los crí­menes contra la humanidad (III)


La guerra de Las Malvinas (Islas Falklands), en abril de 1982, enfrentó a un coloso, la Gran Bretaña, con un paí­s emergente entre el segundo y el tercer mundo: Argentina, inmersa en una guerra clandestina entre los militares y organizaciones de izquierda. Las islas por derecho de sucesión tras la Independencia de España pertenecí­an a la Argentina y Gran Bretaña las ocupó, similar a lo que sucedió con Belice.

Mario Castejón

Leopoldo Galtieri, presidente de facto y lí­der del Ejército envió 20 mil hombres para tomar la Isla de Georgia. Forzaron a la guardia de comandos británicos a rendirse y la razón que dio Galtieri fue que Argentina necesitaba el control de las rutas que pasan por el Cabo de Hornos.

En pocos dí­as la Gran Bretaña situó dos portaaviones, dos cruceros, seis fragatas, seis torpederos, dos naves de asalto anfibio, cuatro submarinos nucleares, 38 bombarderos y 50 y dos helicópteros; lanzadores de misiles y antimisiles eran parte del arsenal. El dos de mayo un submarino nuclear hundió el crucero Belgrano. El 28 y 29 de mayo los paracaidistas británicos atacaron Port Darwin; Argentina perdió 250 hombres, Inglaterra solamente siete, entre ellos el coronel Herbert Jones su comandante. El ocho de junio la Fuerza Aérea Argentina lanzó un fuerte ataque; hundieron dos fragatas y derribaron algunos aeroplanos, murieron 50 británicos. El once de junio los ingleses se dirigieron a Port Stanley la capital, y, para evitar un baño de sangre el comandante argentino se rindió y ordenó evacuar las islas. Al final murieron 250 británicos y 700 argentinos, la acción habí­a sido una estrategia de Galtieri para distraer la atención ante las protestas por las desapariciones de ciudadanos. Las Madres de la Plaza de Mayo reclaman hoy no sólo sus desaparecidos, también los muertos de esa injustificada guerra. Galtieri tuvo que renunciar y luego fue a prisión.

El colapso del imperio turco tras la guerra con Rusia en 1878, fue similar al de la Unión Soviética en 1991. De esos restos surgieron: Serbia, Croacia, Montenegro, Bosnia Herzegovina, Bulgaria y Rumaní­a. Más adelante en guerra contra Bulgaria en 1913, Macedonia fue anexionada a Serbia; Albania surgió como resultado de la derrota de Turquí­a. Bosnia en 1908, fue anexionada por el Imperio Austro-Húngaro antes de la Primera Guerra Mundial.

El Mariscal Tito con mano de hierro unificó a los paí­ses balcánicos y conformó la Federación Yugoslava con la Capital en Belgrado en 1945. Al morir Tito una por una se fueron separando las naciones balcánicas y apareció Slobodan Milosevic un viejo aliado del Kremlin, quien trató de unificarlas y no pudo, solamente Montenegro se integró a la nueva Federación Yugoslava… la camisa de Tito le quedó grande. Milosevic saltó del comunismo al nacionalismo inflamado de fervor étnico y religioso. Inició una guerra contra Croacia en el escenario de Bosnia enfrentando cristianos ortodoxos contra musulmanes, guerra que duró de 1992 al 2000. La visión de los asesinatos de niños y mujeres por francotiradores serbios usando fusiles telescópicos en las calles de Sarajevo, fue una estrategia de Karadzic, aliado de Milosevic., un crimen sin nombre.

La NATO por primera vez en su historia envió un Ejército para pacificar Los Balcanes y el centro fue Kosovo en donde Milosevic habí­a iniciado sistemáticas matanzas étnicas contra los refugiados albano kosovares. Los bombardeos estratégicos de la NATO mataron miles de civiles: Sardúlica al sur de Serbia fue destruida por un bombardeo aéreo. Los misiles de la NATO acertaron en un tren con refugiados. El 24 de marzo de 1999, el primer misil crucero fue lanzado por aviones B 52 y por naves de guerra de Estados Unidos en el Adriático, se dirigieron a las ciudades de Belgrado, Pristina, Podgórica, Kosovo y Montenegro; coincidió con el final del dí­a cuando la gente volví­a de su trabajo.

Los lí­deres de Francia, Gran Bretaña y Alemania estaban al tanto de lo que sucedí­a; el presidente Clinton estaba enterado de primera mano y aun cuando la Rusia de Yeltsin habí­a enviado tropas, éste expresó en una ocasión; «cuidado americanos, ustedes se están arriesgando a una tercera guerra mundial»; sus palabras fueron tomadas como parte de sus excentricidades alcohólicas. Milosevic fue rechazado por su pueblo y murió en prisión; los lí­deres de la OTAN que fueron corresponsables de miles de muertes sólo pueden ser señalados por daño colateral, irónicamente pidieron excusas por los errores cometidos.

El petróleo de Irak y Kuwait condujo a Estados Unidos a dos guerras: la del Golfo y luego la actual. El petróleo no está siendo explotado y la guerra se les ha ido de las manos. El paí­s está devastado, la Casa Blanca ha perdido a sus aliados con excepción de Gran Bretaña y han regresado a más de tres mil soldados en ataúdes. Los iraquí­es siguen esperando un milagro. La muerte de Hussein atizó el fuego y creció el terrorismo. Del plan del señor Bush nada nuevo, más soldados que no van a salvar la situación, para ello tendrán que ver si el nuevo Gobierno puede mantener la nave a flote.