Las falacias de la democracia


«La Democracia es la cosa más desvergonzada del mundo», escribió hace más de cien años Edmundo Burke en un aburrido y tedioso libro sobre la Revolución Francesa y creo que estas palabras son de las pocas salvables. Pues bien, sin saber si Manuel Zelaya, al escribir estas notas, ya estará de nuevo durmiendo tranquilamente en la Casa Presidencial de Honduras,  luego de que fuera sacado de ella, vivo, afortunadamente, y enviado en un avión a Costa Rica, me quedé anonado, perplejo, meditabundo, asombrado y cabizbajo por observar esa reacción tan fuerte, agresiva, enérgica, de presidentes, gobiernos, organismos centroamericanos, americanos y del mundo en general, organizaciones civiles, manifestaciones desnutridas. gritos, y también columnas, editoriales, escritos periodí­sticos por doquier, que respiraban lágrimas de dolor e ira por esta nueva violación a la «democracia» por las fuerzas chafarotiles.

Héctor Luna Troccoli

Pues aquí­ hay que hacer un análisis somero de lo ocurrido en Honduras. Primero, el que se buscó el cupón del premio al exilio fue Zelaya, porque con los consejos de sus buenos amigos Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, quienes siendo de izquierda, ahora son uña y mugre con alguien de derecha, le metieron en la cabeza la idea de quitar de la Constitución de su paí­s la prohibición de la reelección ya que ellos «democráticamente», al igual que otros como Uribe de Colombia y Calderón de México o ya fueron reelectos o andan buscando que por la soberaní­sima voluntad del pueblo los reelijan para seguir con el camino de la democracia que tanto defendemos. Gracias a Dios que aquí­ nos cuesta uno y la mitad de otro, aguantar cuatro años a un presidente.

  El problema para Zelaya fue que cuando mostró sus intenciones de hacer lo que antes dijo era un referéndum y después una «consulta» al pueblo hondureño para reformar la Constitución en materia de reelección, un juez le dijo que eso no se podí­a, porque la consulta debí­a de llenar ciertos requisitos que no se habí­an llenado. Esta primera decisión fue ratificada posteriormente por la Corte Suprema de Justicia (que debe ser como la de aquí­), y el Tribunal Supremo electoral hondureño. Zelaya se emberrinchó y dijo «Â¡mi huevo!, aquí­ mando yo y se hará según mi leal saber y entender».

Esa fue su primer metida de pata. Pero peor fue la de la Corte Suprema Hondureña (repito: igualita a la de aquí­), que confirmó que ese acto era ilegal y ORDENí“ al Ejército que no permitiera la consulta retirando y no transportando las urnas y deteniendo y mandando al exilio a Zelaya. No sé cuál de las dos burradas fue mayor, pero me inclino por la de la Corte Suprema de Injusticia Hondureña.

Efectivamente el mandatario catracho tení­a al menos dos delitos por los cuales responder: desacato y violación a la Constitución, ambos cometidos de manera in fraganti y, aunque desconozco las leyes hondureñas, pues aquí­, si un funcionario, incluso el Presidente, comete un delito de manera in fraganti se supone según la letra muerta de nuestra cadavérica ley, podrí­a ser conducido por las autoridades respectivas (no el ejército), a un reservado VIP de una prisión, en tanto se tramita por el Congreso o el Tribunal (lo ignoro), mediante un proceso legal, su desaforo como presidente y su separación del cargo, fuera de que desde hace más de un año a Zelaya se le viene acusando de corrupción y si existen pruebas pues también podrí­a sumársele ese otro delito. Lo que jamás debió hacerse es que la Corte ordenara que fuera el Ejército el que lo detuviera y lo sacara del paí­s, ambos hechos son también delitos por lo que como bien dicen en mi pueblo «para un bruto, otro bruto», incluyendo al Congreso hondureño que se inventó-asigun dicen- una renuncia a la Presidencia, escrita por Zelaya.

En fin, este sainete me trae a la memoria parte de la «democracia» que rigió Guatemala en el siglo pasado encabezada con el ilustre licenciado don Manuel Estrada Cabrera, quien «ganó limpiamente» varias reelecciones hasta por un pequeño perí­odo de 22 años, después vino Ubico, con solo 14 años, y después fraudes cometidos por Lucas Garcí­a, y Kjell Laugerud, golpes de Estado como los de Peralta Azurdia, la Liberación y los gringos, el de los chafas jóvenes que pusieron a Rí­os Montt, quien a su vez fue destronado por Mejí­a Ví­ctores y así­, como lo ven, la «democracia» sigue rodando, ya no digamos en paí­ses lejanos como ífrica donde hay gobernantes que ya cumplieron sus 20 ó 30 años en el poder gracias a la democracia y las dictaduras, que por lo menos son honestas en su contenido y actuar, como la de los Castro en Cuba o las de China o Rusia, con o sin partido comunista, donde ya se sabe quienes ganan y quienes pierden.

En fin en el caso de Honduras, para no quedarme chiflando en la loma, repudio el golpe del Estado del Ejército que nada tení­a que hacer y repudio las tonterí­as de Zelaya. Lo único bueno de esto es que algunos presidentes que tenemos muy cerca deben de poner sus barbas en remojo y que se recuerden que debemos aprender de los errores.