Las expresiones de la desigualdad


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La historia de Guatemala permite observar cómo se fue configurando la estructura social, económica y política del país, así como se fueron constituyendo los diferentes estamentos de poder partiendo desde la colonia en donde se entregaron grandes extensiones de tierra a los peninsulares, consolidados por el repartimiento y la encomienda y a partir de ahí se fue construyendo una matriz política de concentración de riqueza y poder que no sólo definió aquellos grupos que se beneficiaron de dicha concentración, sino además propiciaron las condiciones para la exclusión de los pueblos originarios.

Juan José Narciso Chúa


Aunque la situación tuvo ciertos momentos de cambio buscando la consolidación de una economía capitalista durante el decenio de 1944 al 54 en un mal momento por la guerra fría y la política exterior estadounidense; la modernización del país se vino construyendo sobre la base de una estructura de poder económico y político que determinó las condiciones sociales dentro de las cuales todavía nos desenvolvemos.  Hoy nuestro cuarto de siglo en democracia también nos deja con muchas deudas.

De hecho los porcentajes que permiten medir la pobreza y la pobreza extrema, constituyen indicadores sociales que demuestran el enorme nivel de desigualdad social que se vino tejiendo poco a poco, de años en años, de siglos en siglos y que hoy constituyen las expresiones más dolorosas de la desigualdad social del país, pero desafortunadamente no terminan ahí.

Si bien es cierto la pobreza y la pobreza extrema muestran con cruda realidad las grandes debilidades sociales del país; las mismas se pueden precisar aún más, cuando se analizan las realidades urbanas y urbanas; las no indígenas y no indígenas y si se va aún más adentro de éstas cuando se habla de las condiciones en que sobreviven los sectores poblacionales vulnerables como las mujeres, las niñas y los niños y los ancianos y ancianas.

Estas expresiones lacerantes de la desigualdad y de nuestra realidad social, muestran también las grandes debilidades del Estado como ente responsable del modelo de desarrollo imperante y que muestra justamente que este Estado se ha venido construyendo alejado o divergente de la condición de nación que pretendemos –un debate que se ha soterrado para siempre– y que el mismo sólo muestra las atrofias propias de un subdesarrollo inducido por las élites.  Si no véase que la institucionalidad existente muestra únicamente falencias o rezagos en su capacidad de cobertura de la población o del acceso a los servicios esenciales o de la oferta institucional que se presta. 

En estos términos, no puede ser más evidente la baja o escasa cobertura geográfica en materia de salud, llegando incluso a localidades en donde lo que existe es una unidad de salud que atiende personal paramédico o que visita un médico con cierta periodicidad; o hablar de la baja cobertura de la seguridad social que presta el IGSS que resulta baja en términos de la población económicamente activa y aún más limitada sobre el total de la población, la universalidad de la seguridad social se quedó en harapos.  Igual, en la actualidad pretender que se cuenta con un programa de vivienda serio, resulta cuestionable cuando se sabe de la cantidad de soluciones que se proveen anualmente, versus el déficit habitacional anual.

Si nos vamos a analizar el problema de la desnutrición termina uno en lágrimas, al reconocer ese porcentaje tan elevado de desnutrición crónica de un poco más de la mitad de los niños de 5 años.  Y si hablamos del escabroso tema de la propiedad de la tierra, ni hablar de los magros resultados de la institucionalidad responsable del mismo. Y luego, si se quiere cerrar el círculo de problemas irresueltos, la seguridad ciudadana continúa siendo un enorme signo de interrogación, no sólo por la espiral de delitos y crimen que afecta diariamente a la mayoría de la población, terminamos espantados y queriendo escondernos debajo de la cama. Si a ello se suma las grandes contradicciones que generan los desalojos en donde la eficiencia de las instituciones jurídicas y de policía es impresionante y deja mal sabor y mucha desconfianza, así como si no se quiere iniciar un proceso detenido y serio sobre los conflictos alrededor de las exploraciones y explotaciones mineras, entonces el cuadro termina de mostrar una realidad social de grandes desigualdades, una institucionalidad pública pobre, una estructura política de gobierno que soslaya y oculta estos grandes problemas y unas élites económicas que nunca terminaron de repensar su rol en la construcción de una sociedad más igualitaria.

Entonces no es de asustarse que las movilizaciones sociales que se avecinan como la caminata de Cobán, conllevan la suma de 500 años de problemas que se han postergado, se ha evitado su discusión y continúan llevando a la edificación irregular de una sociedad rezagada, mientras la modernidad pasa de largo y en oscuras.