Nadie puede negar que en los dos últimos procesos electorales las encuestas han jugado un papel fundamental para el desarrollo de los mismos y ahora vale la pena centrar el análisis y el debate de la influencia que éstas han tenido en el proceso que aún no termina.
No hay que ser astrofísico para darse cuenta que han jugado un papel fundamental en cuanto a las predilecciones de los electores, pero es aquí donde surgen grandes interrogantes ¿las encuestas aportan o perjudican al sistema electoral y democrático de país? ¿Hacia dónde están orientando el rumbo? ¿Responden a algún interés?
Estas tres interrogantes como a mí, estoy seguro que embargan a miles de guatemaltecos y quizá nadie tenga una respuesta certera. Hemos visto a lo largo de la elección cambios en las encuestas que en un mundo real resultan políticamente difíciles, tales como repuntes inusuales y caídas estrepitosas que difieren de los resultados de la última elección.
¿Cómo se explican esos «supuestos» cambios que reflejan las encuestas y que difieren de los datos oficiales reportados por el Tribunal Supremo Electoral? ¿Es lo anterior, un indicador que las encuestas han sido objeto de manipulación o alguna mal interpretación de quien realiza o publica los estudios?
A mí no me consta y no poseo pruebas sustanciales de que tales estudios son manipulados para favorecer o para perjudicar a algún candidato en especial, pero dos más dos son cuatro aquí y en China y si los estudios de opinión reflejan cosas distintas a la verdadera encuesta, como llaman los políticos a las elecciones, es que algo está sucediendo. No podemos decir a ciencia cierta qué, pero es obvio que algo sucede.
Y el tema cobra relevancia porque las encuestas están incidiendo y mucho en las preferencias de la gente, están elevando a proyectos que no son de nación, proyectos que el país no les apasiona y eso es grave para nuestra democracia y futuro como guatemaltecos. Asimismo, los estudios de opinión hunden a los decentes, a los honrados y a los estadistas; eso es terrible.
Dictaminar que es exactamente lo que provoca este mal es difícil, pero los guatemaltecos debemos entender que este juego perverso nos estallara en la cara y pocos quedarán enteros.
Un día alguien me dijo que le preocupaba el poder de los medios, a lo que yo con toda certeza repliqué, el poder de los medios no debe de preocupar, pues siempre han tenido y tendrán poder, fenómeno que se repite en todo el mundo; lo que sí nos debe de preocupar a todos los guatemalteco es en manos de quién está ese poder. Y cuando uno analiza y sopesa la proliferación de esos poderes ocultos hasta en los medios, se llega a temblar.
También hay que reconocer que el decir que por las encuestas estamos como estamos o tenemos la clase política que tenemos sería una exageración. Estamos como estamos y tenemos la clase política que tenemos porque nosotros somos cómplices en el consentimiento de esta clase y aplaudimos o por lo menos aceptamos las políticas superficiales que nos proponen.
Los candidatos opinan
La Unidad Nacional de la Esperanza y el Partido Patriota siguen en la contienda y políticamente es aceptable que no quieran opinar para evitar ganarse de enemigos a los medios. Es razonable pero lastimoso a la vez, porque los problemas se llaman por nombre y apellido, se deben de enfrentar desde las campañas y algún día ellos sufrirán las consecuencias por su indefinición en este momento; pero no olvidemos que en Guatemala ser genuino es impopular y hace difícil la labor política.
El doctor Alejandro Giamattei indicó que se quería mantener alejado de los medios y que por ello no opinaba; ojalá sea esa la razón y no que éste consumido decidiendo a cuál de los dos enfermos terminales, según sus palabras, va a «curar». Sería una terrible decepción para más de medio millón de personas que votaron por él.
El doctor Suger y Luis Rabbé decidieron opinar y pueden leer sus entrevistas que se publican de forma textual.