Las elecciones norteamericanas


Tres sentimientos han aflorado en estos dí­as respecto a las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. El primero es el de optimismo. Esta vivencia la comparten aquellos que ven en la elección de Barack Obama el sí­mbolo de la esperanza, el cambio y el ejercicio del liderazgo moderado. «El negro», como lo ha llamado Chávez, ha despertado en las almas siempre dispuestas a creer en el género humano, una ilusión más y así­ este grupo vive dí­as especiales.

Eduardo Blandón

El segundo grupo es el de los pesimistas. Ellos, que habitualmente no creen en nada, miran con lentes oscuros la elección en el paí­s del tí­o Sam. Piensan que da igual que sea un negro, un blanco o un amarillo quien gobierne porque al final las cosas seguirán igual. Han seguido las elecciones no porque tengan esperanza o vean un cambio próximo, sino por deporte, como a quien le interesa cómo quedará un clásico de fútbol español o el último partido de la Serie Mundial. Para este grupo el imperio es el imperio y sus intereses siempre serán lo primero independientemente que sea el Hermano Pedro quien gobierne.

Por último, las elecciones recién pasadas han generado en algunos un aburrimiento de campeonato. A este grupo pertenecen los indiferentes, esas personas para quienes lo importante es, por ejemplo, encontrar trabajo, almorzar o pagar la próxima inscripción del colegio de sus hijos (como en mi caso). Pero no nos equivoquemos, no pensemos que esta categorí­a está conformada por gente que vive bajo el umbral de la pobreza, los analfabetos o los que no comprenden la dinámica del mundo en que viven. La indiferencia respecto a ese supuesto «evento del siglo», se origina más frecuentemente en preocupaciones más graves que la contaminación global, los experimentos en humanos o el problema de la obesidad. Tiene su raí­z en clavos superiores que hacen ver despreciables esos supuestos «problemas globales».

Esta es la razón por la que por ejemplo uno no entiende (yo me coloco en el tercer grupo) tanta tinta vertida en relación a las elecciones en los Estados Unidos. Es difí­cil comprender cómo la gente viva casi con angustia y agoní­a un evento lejano y extraño. Los periódicos enví­an corresponsales y los analistas polí­ticos explican largamente con lujo de detalles la importancia de los votantes en cada Estado de la Unión Americana. «Eso, aunque lo intentes ignorar, afecta tu vida», me dijo mi hermano disgustado, que vive en Florida y es un apasionado por el Partido Republicano. Y me cortó el teléfono cuando le dije que lo único que me interesaba en las elecciones era cierta obsesión lujuriosa con Sarah Palin.

En fin, cierta estupidez eleccionaria a veces es virtuosa. El tiempo demostrará que Obama o se alinea, y por tanto será no muy diferente a don G.W. Bush, o procurará ciertos cambios y terminará en la tumba de manera precipitada. Lo más probable es lo primero, por lo que nuestros guatemaltecos seguirán siendo perseguidos y las polí­ticas imperialistas continuarán campantes por el mundo. Tanta lucidez no se adquiere en la universidad, la experiencia lo ha demostrado una y mil veces.

Lo bueno en toda esta telenovela norteamericana es que a partir de hoy el mundo recobrará la rutina de siempre. Nosotros en Guatemala seguiremos anhelando en todo caso ganarle a los Estados Unidos en el próximo partido para ir al Mundial.