Las del pastorcito



El Presidente de los Estados Unidos afirmó que informes de sus agencias de inteligencia han corroborado la existencia en Irak de armas que provienen de arsenales iraní­es, por lo que ha advertido a Irán de abstenerse de seguir alimentando el conflicto armado en el Golfo Pérsico y, especialmente, los ataques criminales contra la población suní­ y miembros del ejército norteamericano.

Lo primero que cualquiera con dos dedos de frente se tiene que preguntar es si los informes de inteligencia señalados por Bush, con todo y las fotografí­as proporcionadas a la prensa en las que se detallan los números de serie de algunos artefactos explosivos, fueron elaborados por las mismas agencias que le proporcionaron al general Colin L. Powell los datos y las fotografí­as que presentó ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para «demostrar» la existencia de armas quí­micas y bacteriológicas en Irak para justificar la invasión.

Como dicen los neoliberales, no hay almuerzo gratis y a Bush no le puede salir de gratis el engaño a su pueblo y el que quiso hacerle a la humanidad entera utilizando fotografí­as alteradas, informes de inteligencia manipulados para justificar el capricho suyo, de Chenney y Rumsfeld. Quien recuerde el despliegue que hizo Powell en lo que sin duda será el mayor baldón de su carrera civil y militar, verá que las fotografí­as que ahora presenta la Casa Blanca tienen enormes similitudes con las que en su momento llevó a la ONU el entonces Secretario de Estado norteamericano, quien posiblemente creyó la patraña y por ello se atrevió a presentarla al mundo entero.

Después de esa patraña, todo lo que tenga como «denominación de origen» las agencias secretas de espionaje de los Estados Unidos tiene que recibirse con enorme suspicacia porque no hay forma de suponer que se ha dejado de manipular hechos. Y es que no se trató simplemente de un error en el proceso de la información ni de equivocaciones, sino de una decisión de alto nivel de manipular hechos, de tergiversar los datos para acomodarlos a lo que polí­ticamente le convení­a e interesaba al Gobierno de los Estados Unidos. Ahora que se habla tanto del legado de Bush y él sueña con que lo terminen viendo como se vio al final a Truman, sin entender las enormes diferencias entre una y otra persona, entre uno y otro tiempo y, sobre todo, entre uno y otro talento, hay que decir que uno de sus legados será en público desprestigio de las agencias de inteligencia que se evidenciaron como instrumentos de propaganda más que de recopilación de información y análisis de hechos para permitir una sana toma de decisiones. Las fotos de los explosivos supuestamente de origen iraní­ pueden haber sido arregladas con Photoshop por cualquier amateur. Por eso Bush dejó a su paí­s como el pastorcito del cuento y sólo los fanáticos pueden creerles.