Las declaraciones de Cajal y López


john-carrol

No cabe duda que lo sucedido el 31 de enero de 1980 en la 10ª. calle y 6ta. avenida A de la zona 9 de esta capital fue una gravísima tragedia que seguramente tiene responsables y es importante recordar los hechos para que nunca se repitan. Un grupo de campesinos de Quiché llegó en la mañana de ese día a la Embajada Española protestando contra la represión del gobierno de Guatemala.

John Carroll


El grupo de campesinos era entonces dirigido por el señor Vicente Menchú quien después de varios días de protestas y desalojos en otros sitios de la capital se reunió con miembros del Frente Estudiantil Robin García, una suerte de caza talentos y fuerza juvenil del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y acordaron darse cita en la sede diplomática de España. Vaya usted a saber cómo fue que ingresaron a la Embajada porque no existe reporte alguno que indique que utilizaron la fuerza.  Ese mismo día, a insistencia del embajador Máximo Cajal, se reunían en el despacho del diplomático un grupo de influyentes personajes guatemaltecos entre los que se encontraba el exvicepresidente Eduardo Cáceres Lehnhoff. Coincidencia o no, el grupo de campesinos y guerrilleros entraron a la Embajada sin ningún problema portando armas blancas, bombas molotov y algunas armas de fuego para luego cerrar las puertas y anunciar el secuestro de todas las personas que se encontraban dentro.

Como yo entonces tenía apenas dos años, me di a la tarea de observar videos y testimonios de ese momento, así como la lectura de relatos y entrevistas de la época y actuales de testigos de dentro y fuera del lugar de la tragedia. También escuche con mucha atención las declaraciones de ayer del señor Cajal y las conclusiones que pude obtener son en algunos casos atrevidas conjeturas mías y en otros hechos puros y definitivos, reales y concretos de lo que sucedió ese día.

Me parece que las fuerzas de seguridad actuaron ese día con poca diligencia, pero habría que estar allí para repetir esas palabras. El contexto es especialmente importante porque, en primer lugar, estábamos en medio de una guerra civil, de hecho en el medio del período más cruento de los treinta y seis años que tuvimos de enfrentamiento armado interno. En segundo lugar está claro que los campesinos, sabidos o no, estaban liderados por guerrilleros que en su momento de acuerdo a nuestro marco jurídico eran delincuentes y las fuerzas armadas tenían no sólo la convicción sino, además, el deber constitucional de combatirlos sobre todo, cuando se les sorprendía en hechos flagrantes como el que sucedía aquel día. Otro hecho que no conjetura, es que las autoridades contravinieron acuerdos internacionales al transgredir la soberanía del inmueble diplomático, pero esto aplica de la misma manera para los campesinos y guerrilleros invasores a menos que, el ingreso del grupo fuera con la autorización del señor Embajador. Además, cabe preguntarse si el Estado de Guatemala también hubiera sido responsable por lo que sucedería si no actuaba con el uso de la fuerza que la ley le faculta.

Las declaraciones de ayer y las publicadas en el diario español El País del 25 de enero de 1981 por parte del señor Cajal, son especialmente contradictorias cuando dice que los invasores “pretendían una estancia prolongada, y a ser posible pacífica”, pero a la vez reconoce que llevaban bombas molotov. Yo me pregunto ¿desde cuándo es “pacífico” entrar a la casa de alguien con una bomba incendiaria en la mano?

Yo lo que creo es que el Embajador estaba enterado de la llegada del grupo protestante y muy probablemente la toma de la Embajada fue un compromiso adquirido en su viaje, días antes, a Quiché donde visito regiones desde donde casualmente venían la mayoría de campesinos que ese día murieron carbonizados. Por supuesto que no creo que el señor Cajal supiera del terrible desenlace que aquello tendría, pero creo que, en afán de ayudar a un grupo de campesinos y presionar al gobierno de Guatemala de acuerdo a su conocida ideología, no actuó prudentemente porque cualquiera que en aquella época supiera cómo estaban las cosas podía predecir que un acontecimiento de ese tipo terminaría de mala manera. El caso es que la justicia debiera de encargarse de los responsables, los apresurados, los imprudentes, los acarreadores y los acarreados, todos tienen responsabilidades que asumir.