Las cuotas del IGSS al 20 por ciento de los salarios


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Aquél, a quienes algunos glosadores llaman el Administrador Infiel o astuto, ingenió un mecanismo para sobrevivir después de que lo despidiera su empleador. Relata San Lucas (16, 1-5) que “Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando».

Luis Fernández Molina


Se dijo a sí mismo el administrador: «¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas””. Y, como es sabido, rebajó las deudas que diferentes deudores tenían con su jefe.

Pero no todos tienen la malicia del citado administrador como tampoco la posición de privilegio. La mayoría de los habitantes de Guatemala son asalariados y por ende dependen de la fuerza de su trabajo para obtener su subsistencia. Esto es, en tanto tengan energía y disposición. Pero ¿qué sucedería cuando la enfermedad o la implacable vejez minen su potencia? ¿Cómo sobrevivirán dignamente?

Históricamente han sido las órdenes religiosas las que han tomado a su cargo la atención de los enfermos y ancianos desamparados. Buen ejemplo de ello fue el Hermano Pedro. Sin llegar a esos extremos de abandono, la familia era el soporte de los años otoñales de los parientes cercanos. Pero el número de abnegados religiosos y religiosas ha ido en decremento y más aún ha disminuido las donaciones que antes les brindaban personas piadosas. Por otro lado el tejido familiar se ha ido descosiendo y no hay tiempo para atender desvalidos. Además las casas de la clase media son cada vez más pequeñas. Ya no tienen empleadas domésticas ni cuarto de servicio. La vorágine cotidiana exige todo nuestro tiempo, al menos el necesario para poder contar tiempo para la televisión y las redes sociales. Sin embargo todos vamos envejeciendo y alguien tendrá que cuidar de los necesitados que ya no pueden producir por sí mismos.

Llama la atención que los sindicatos y grupos de representación laboral hagan presión sobre situaciones laborales del día: mejores salarios, negociación de pactos colectivos, conquistas laborales, etc. pero poca importancia les merece el mundo del futuro. ¿Quién va a atenderlos cuando sean mayores? ¿Cuánto van a recibir de jubilación?  ¿De qué servicios van a disponer? ¿Qué tan confiable va a ser el sistema? Esta es una preocupación que ya se está poniendo al tapete en otros países del área. En la revista Central América Data Express,  se informa que en Nicaragua, Bayardo Arce, asesor de asuntos económicos de la Presidencia, presentó la propuesta de incrementar la cuota patronal en un 3%, uno por año entre 2014 y 2016 así como de reducir la aportación de los que ganan salarios mínimos. De Costa Rica nos traslada el reclamo de los empresarios quienes exigen que, antes de aumentar el aporte obligatorio de patronos y trabajadores (para solucionar los problemas de financiamiento), se debe poner orden en la Caja Costarricense del Seguro Social pues su principal problema es la inadecuada gestión administrativa; que la planilla administrativa absorbe el 70% de los gastos anuales.  En Panamá se critica la moratoria otorgada a favor de los empleadores.

Los problemas son los mismos: poca eficiencia en el manejo de los millonarios fondos (sin perjuicio de algunos malos manejos) y la sugerida solución es igual: sencillamente subir las cuotas. En Guatemala  del 15.5%, ¿por qué no aumentarlas en un 5%?