Las costumbres religiosas


Las procesiones forman parte de la tradición del pueblo católico de Guatemala durante la Semana Santa y no sólo constituyen una importante manifestación externa de fe, sino que además son uno de los principales atractivos que el paí­s ofrece durante estas fechas para los turistas. El aumento de población ha significado para las Hermandades la necesidad de aumentar el recorrido de los cortejos e incrementar el número de brazos en las andas para dar cabida a más cargadores.


Sin embargo, creemos importante que la Iglesia Católica repare en que el crecimiento urbano también tiene otras implicaciones y que por lo tanto ordene a las diferentes Hermandades que se abstengan de realizar procesiones en los dí­as hábiles fuera de la Semana Santa, porque vivimos en una ciudad asediada por los problemas de tránsito y es absurdo que por el negocio que hacen algunos dirigentes, se afecte a toda la colectividad con paralizaciones de enorme envergadura. Para que una procesión recorra una cuadra transcurre mucho tiempo y hay que ver que delante de ella están cerradas varias arterias por las alfombras que los fieles preparan a su paso.

Vivir en una urbe como la Ciudad de Guatemala nos obliga a todos a adaptar nuestras costumbres para facilitar la convivencia. De la misma manera en que el guatemalteco ha entendido, por ejemplo, que el Dí­a de la Quema del Diablo no debe incendiar enormes promontorios de basura para no agravar la contaminación, también debemos entender que parte esencial de nuestra vida religiosa tiene que ser el respeto al derecho ajeno. Y no hay respeto al derecho de nadie cuando en un dí­a plenamente laboral se cierran calles, sin previo aviso a los automovilistas, simplemente para que una hermandad pueda realizar una procesión que le servirá para incrementar su ingreso de fondos.

Los fines de semana y dí­as no laborables pueden acomodarse perfectamente para la realización de esas procesiones y en todo caso es importante que la Policí­a Municipal de Tránsito y la Gobernación informen profusamente sobre los recorridos para que el automovilista no se vea atascado en medio de un enorme embotellamiento mientras pasan horas para que el cortejo procesional se aleje del sector.

Obviamente la responsabilidad es de los organizadores de las procesiones y de la gobernación departamental, aunque entendemos la dificultad que para ésta significarí­a regular ese tema porque se dirí­a que hay intromisión en cuestiones religiosas. Por ello pensamos que el Arzobispado de Guatemala podrí­a dar una normativa que preserve tradiciones tan importantes que, si cansan a la población, podrí­an terminar desapareciendo.