Las brasileñas saldrán el jueves a las calles para «cambiar el mundo» y tomarán como blanco de sus críticas al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que llegará a Sao Paulo en el Día Internacional de la Mujer.
«En vísperas de esta visita indeseada, las mujeres dirán no al imperialismo estadounidense, no al neoliberalismo y no a la dominación de un pueblo sobre otro», dijo el lunes a la AFP Maria Fernanda Marcelino, miembro del comité organizador de la marcha mundial de mujeres, que agrupa a más de 40 organizaciones.
En Sao Paulo, más de 10.000 mujeres desfilarán por la avenida Paulista, en el corazón de la ciudad, al grito de «Â¡Fuera Bush de Brasil, de América Latina y del mundo!», y reivindicando «la igualdad, la autonomía y la libertad».
La agenda de las entrevistas del presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, con Bush incluye las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y los biocombustibles.
En tanto, las feministas brasileñas reivindican un «cambio radical» de la sociedad y cuestionan «la combinación machismo-capitalismo» que, según ellas, mantiene la opresión a partir de la explotación de su trabajo y del control de su cuerpo y de su vida.
El mercantilismo del cuerpo y de la vida de las mujeres, la necesidad de ampliar sus derechos, la lucha contra la violencia doméstica, el combate por la valorización de los salarios y por la legalización del aborto, figurarán entre los temas de esta jornada.
«En Brasil una mujer es golpeada cada 15 segundos», indicó Marcelino, subrayando que «tras 30 años de lucha de las mujeres», Brasil finalmente aprobó una ley contra la violencia doméstica en agosto pasado.
Antes, los agresores podían sufrir como máximo una pena de prisión de un año y en la mayor parte de los casos lograban evitarla pagando una multa simbólica.
Ahora este tipo de delito constituye «una violación de los derechos humanos», pasible de ser castigado con tres años de detención.
La nueva ley introduce también medidas de protección y de asistencia a las víctimas y crea un tribunal especializado para acelerar los procesos.
Las mujeres también protestarán contra las multinacionales y la «industria de la belleza».
«Todos los días sufrimos presiones para consumir algo que nos hace más bellas. Eso forma parte de un modelo de belleza que fomenta el culto de la delgadez. Este modelo propone el consumo de cosméticos, medicamentos, procedimientos quirúrgicos u otras formas de intervención en el cuerpo», lamentó Marcelino.
Recordó la muerte en noviembre pasado de la modelo Ana Carolina Reston, fallecida a los 21 años en Sao Paulo cuando pesaba apenas 40 kilos, con una altura de 1,74 metros.
Un estudio financiado por la ONU y publicado el año pasado mostraba que el pleno ejercicio de la ciudadanía de las mujeres brasileñas choca con numerosos obstáculos.
Pese a la Constitución, persisten las desigualdades entre hombres y mujeres en materia de derechos civiles y políticos, sexualidad y reproducción, acceso al trabajo y violencia. Estas cuestiones se ven agravadas por la cuestión étnico-racial.
«Aunque más de la mitad de la población brasileña (190 millones de habitantes) son mujeres, hay muy pocas mujeres en los altos cargos de poderes públicos y en las instancias de decisión», subrayó el informe.
Además, en todas las profesiones persisten las diferencias de ingresos entre los sexos, que se agravan en el caso de las mujeres negras.
Una escuela de modelos instalada en la favela Cidade de Deus, una de las más violentas de Rio, ayuda a los jóvenes a mejorar su calidad de vida a través de la moda y a aumentar su autoestima.
«Trabajamos el lujo en un ambiente podrido», señala Tony Barros, de 40 años, fotógrafo en el origen del proyecto «Lente dos sonhos» (literalmente, «El objetivo de los sueños») que ya llevó a varios jóvenes de la favela, mujeres y varones, a desfilar en una pasarela.
«Mi intención inicial era poner en evidencia el contraste entre la belleza de las niñas y la degradación del lugar», subraya este veterano educador callejero que comenzó a trabajar como fotógrafo para el sitio internet de la principal organización no gubernamental de lucha contra la violencia, Viva Rio.
Originario de Cidade de Deus (Ciudad de Dios), una favela ya famosa por la película homónima de Fernando Meirelles, Barros comenzó en 2002 a fotografiar a mujeres jóvenes de esta comunidad de la zona oeste de Rio «donde oficialmente hay censadas 45.000 personas pero que cuenta con casi 120.000», según él.