Del 14 de enero a la fecha el general ha enfrentado batallas exitosas, mantiene batallas pendientes de definición y también posibles batallas perdidas. Cuando la historia juzgue este tramo de nuestro recorrido en el tiempo habrá de remarcar lo brillante y granado alcanzado en poco, pero también destacará la opacidad del erario, la facilidad de la concesión disfrazada de usufructo y la fallida cruzada por la reforma constitucional.
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Quienes hemos seguido el desenvolvimiento de la gestión pública y la población en general fuimos sorprendidos por la diligencia con la que se aprobaran las leyes en materia fiscal en el Congreso de la República. El éxito alcanzado en esta batalla por la obtención de más recursos fiscales, de un lado, y por el replanteamiento y adecuación tributaria de los contribuyentes por otro, ha tenido sus luces y también sus sombras tal y como lo demostró la forma en la que se ha manejado el tema aduanal. Esta situación llegó inclusive a plantear una severa reforma a esta norma aprobada vertiginosa y rítmicamente al tono del Ejecutivo. Falta ver el desempeño que se manifestará a partir del 2 de enero próximo, cuando el “paquete” entre vigencia plenamente y en opinión de expertos, a ver si no pesarán más los errores que los aciertos de su contenido.
En la batalla por la despenalización de las drogas, quizás el aspecto más relevante sea la legalización del consumo de mariguana que habrá de darse en varios estados de la Unión Americana. Relevante digo, pues en esos lugares, sin saberlo, los norteamericanos le han dado la razón al ponente guatemalteco. La batalla no está definida a nivel internacional, pero apunta a una victoria cuyas luces habrán de reflejar el rostro de satisfacción de saberse triunfador de la propuesta. Otro éxito parcial estaría alrededor de la concesión portuaria, perdón, del usufructo en la portuaria. Aquí las luces del momento se podrán ver opacadas por la actitud de quienes asuman el 14 de enero de 2016 la conducción de la cosa pública. La deducción de responsabilidades que pudieran derivarse podrían implicar a muchos personajes hoy sonrientes triunfadores, pero mañana quizás severamente perseguidos por la justicia. Esta “victoria” está totalmente pendiente de definición.
En el árido camino en pro de la reforma constitucional aún faltan muchos elementos para saber cómo se dilucidará esta batalla. Si el general vuelve a alinear las fuerzas en el Congreso, y las tales se aprueban, ese éxito deja servida la mesa para que la oposición haga de las mismas un plebiscito paralelo sobre la aprobación o rechazo a la propia actual administración gubernamental. Lo que aquí se habrá de jugar es más que la propia propuesta por la reforma. De hecho si se persiste en hacer coincidir la obligatoria consulta popular de octubre próximo, que debe hacerse sobre el tema de Belice, el Ejecutivo tendrá dos temas en los que la oposición podrá contar con suficientes elementos como para hacer que se cuestione severamente el desempeño de las autoridades. Podría hasta constituirse como un referendo “revocatorio” y la atmósfera de ingobernabilidad derivada a partir de entonces en nada alentará inversiones y fuentes de empleo. La suma de oponentes puede llegar a ser mucho más significativa que de aquellos que las respalden, inclusive con el “caramelo” del 1 por ciento a las municipalidades.
Dentro de unos pocos meses habrá de ser evaluada la administración en cuanto a su verdadera capacidad de respuesta en materia de reconstrucción posterremoto. Aquí se habrán de unir palabras, acciones, eficiencia, corrección y, por lo menos, encausamientos judiciales. De quedar tan solo en el discurso, se podrán alentar muchas reacciones que habrán de provocar el tambaleo de quienes hoy dirigen el gobierno central. Si no se encara judicialmente la corrupción develada ante la fuerza tectónica, puede llegar a constituirse en la batalla definitoria. Quizás con más sombras que luces. En breve sabremos hacia donde apunta la estrella del general.