Desde que se integró la Comisión de Postulación para elegir magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de las Salas de Apelaciones, distintos sectores de la sociedad mostraron su preocupación por la trascendencia de los procesos para designar a los principales operadores de justicia. Se dictó una Ley de Comisiones de Postulación que abrió la puerta a una mayor fiscalización ciudadana y fue evidente mayor interés y compromiso de buena parte de la ciudadanía y de la comunidad internacional, acaso porque la presencia de CICIG nos hizo entender la grave dimensión del tema de la impunidad.
La presión colectiva al final de cuentas resultó dando frutos porque ayer el Presidente de la República hizo una selección para el Ministerio Público que ha sido aplaudida en forma unánime, algo extraordinario en nuestro medio y que sólo se explica porque tanto la Comisión de Postulación como el mismo ingeniero Colom, hicieron su trabajo y cumplieron con su deber histórico. Luego de haber forzado a cambios importantes en la Comisión Postuladora y de obligar a la remoción del Fiscal General nombrado en la primera parte del proceso, Guatemala se congratula hoy de haber llegado al final de un proceso tan tortuoso con un resultado satisfactorio.
Satisfacción que, desde luego, tendrá que ratificarse con la gestión misma de la nueva Fiscal General de la República, la doctora Claudia Paz y Paz, quien tiene frente a sí un reto inmenso, en verdad descomunal. Romper el modelo de impunidad significa enfrentar a poderosos sectores que harán hasta lo imposible por evitar que les arrebaten el privilegio que han tenido al convertirse en seres superiores a la ley y la administración de justicia. Y no hablamos únicamente del narcotráfico, el crimen organizado y las pandillas que siembran terror en Guatemala, sino de todos aquellos que encontraron en la impunidad el caldo de cultivo para enriquecerse en forma ilícita, sea mediante corrupción o mediante el despojo a grupos más indefensos.
Hemos sostenido que la impunidad es un juego que conviene a muchos porque son demasiados los que le sacan raja a la falta de aplicación de la justicia. Y enfrentar a tan poderosos sectores, algunos de ellos reputados como muy honorables en el marco de la llamada sociedad guatemalteca, no será fácil para una persona como la doctora Paz y Paz.
El acompañamiento de los sectores comprometidos con la justicia será indispensable para apuntalar esa lucha que es impostergable si queremos darle viabilidad al Estado de Guatemala, ese mismo que ahora lo vemos asfixiado por la debilidad de sus instituciones que se vuelve más patética, si cabe, en el campo de la justicia porque la impunidad es generadora de violencia.