El día de ayer pude ver la primera parte de la entrevista que Oprah Winfrey realizó al exciclista Lance Armstrong; en ella, Armstrong, con un semblante deslucido, como si hablara de una tercera persona y con una imagen totalmente distinta a aquella que recordaba vestido de amarillo y levantando los brazos victorioso en los Campos Elíseos en París, se derrumbó y pasó a ser un simple tramposo que confesaba sus fechorías tal cual las mismas se hubiesen cruzado en su vida como si eran parte de su destino.
Y es que el texano que inspiró a millones de personas alrededor del mundo, luego de volver en una recuperación médica poco menos que milagrosa, de un cáncer en los testículos hasta llegar a convertirse en el siete veces consecutivas ganador del Tour de France, la carrera más prestigiosa del ciclismo mundial, aceptó, ante la periodista que había consumido no una, sino una lista al parecer interminable de todo tipo de substancias prohibidas que le permitieron condiciones físicas sin las cuales jamás habría podido realizar la hazaña deportiva que todos creíamos que había realizado.
Armstrong ya fue despojado de sus títulos en el tour, el Comité Olímpico Internacional le retiró también ya una medalla de bronce que había obtenido en Sidney en el año 2000 y sin duda será procesado por fraude, perjurio y otros delitos, sin embargo, el verdadero daño lo hizo a las personas que creyeron en él, durante años se defendió tratando de pasar como un héroe que era perseguido porque el resto de los mortales no podían concebir sus cualidades atléticas únicas y se disfrazó de víctima en un sinfín de investigaciones que por tratarse de “este gran hombre” terminaban con disculpas o cierres prematuros sin llegar nunca a nada.
Sin duda el ciclismo quedará tocado y como sucedió con el boxeo profesional en donde ya nadie se sabe los nombres de los boxeadores después de los constantes arreglos de peleas, se volverá un deporte insípido bueno para realizar pero malo para ver. La conclusión del asunto, en todo caso, no debería de ser que terminemos por perder la confianza en todos aquellos que logran hazañas de cualquier naturaleza, este era solamente un hombre enfermo quien necesitaba ser reconocido como ganador y al no poder hacerlo por las buenas hizo trampa. No todas las personas que compiten o logran participaciones descollantes se dopan o hacen trampa. Resulta necesario eso sí, el tomarse el tiempo para hacer ver a las nuevas generaciones que los resultados que se obtienen a través de engañarse a sí mismo, buscando trampas o artilugios no duran en el tiempo, al final la verdad sale a flote y la mentira que encumbra a quienes se aprovecharon de ella luego simplemente los sepulta.
En Guatemala nos seguirá gustando el ciclismo, cada año la Vuelta volverá a sacar gente a la orilla de la carretera para aplaudir a sus héroes y seguiremos la clasificación en los diarios con interés, pero más allá de eso tenemos la obligación de transmitir y procesar que la verdadera satisfacción en los logros personales se da cuando los mismos se han construido aportado esfuerzo, dedicación y sacrificio, esos valen, son reconocidos y por sobre todo perduran.