Lamento el deceso de Oscar Marroquí­n Milla


Con pesar (en mi lecho de enfermo), me enteré del deceso de mi gran amigo, el periodista Oscar Marroquí­n Milla, razón esa por la que hasta ahora presento mis condolencias a su distinguida familia.

José Antonio Garcí­a Urrea

Con Oscar nos unieron lazos de amistad desde hace muchos años, sospecho que pudimos habernos conocido de chicos, pues el licenciado Clemente visitaba con frecuencia la imprenta La Libertad, de mi papá, Jorge A. Garcí­a B., tipógrafo y periodista, sita en la 13 calle y séptima avenida, esquina, hoy zona 1, y es posible que más de alguna vez haya llegado con Oscar. Además de la imprenta mi papá editaba un periódico de combate, quincenal, Nuestro Criterio. Tengo idea de que la imprenta era de los dos porque cuando el licenciado estuvo exiliado en México, mensualmente le enviaba dinero por correo certificado. En esa imprenta habí­a mucho trabajo pues se hací­an trabajos finos y en tiempo.

Con mi hermano Carlos ( ), trabajamos en esa gran revista que fue LA HORA DOMINICAL, él con información deportiva, en general, yo con temas culturales; jamás nos quedó debiendo un centavo, nos pagaba puntualmente. Más adelante cuando se creó el diario FLASH DE HOY, se imprimió en los talleres de su diario, en donde está actualmente LA HORA.

Durante su época de funcionario público siempre tuvo abierta la puerta de su despacho para mí­, la secretaria tení­a orden de que cuando llegara le avisara, y salvo que tuviera una reunión no me recibí­a. Me proporcionaba información exclusiva que en ese entonces la trasladaba a los radioescuchas de lo que fue ese gran Radiodiario GUATEMALA FLASH, con su eslogan: «Que palpita en el corazón de todos los guatemaltecos, en la tierra del son, de las guapas mujeres y de la marimba».

Tengo una anécdota simpática de cuando fue diputado durante las discusiones de la Constitución de la República de Guatemala durante el gobierno del coronel Enrique Peralta Azurdia. En esos dí­as el licenciado Clemente escribí­a editoriales fustigando al respecto; una mañana el doctor Horacio Figueroa, que también era diputado, pidió la palabra y empezó a hablar en contra del Licenciado Clemente, Oscar que estaba en su curul cercana al control de los micrófonos se levantó y fue caminando hacia el otro extremo de la bancada metiéndose la mano en un bolsillo del saco, otro diputado se tiró sobre su curul y le aprisionó el brazo de manera que ya no pudo sacar la mano, el diputado Figueroa en un excelente dramatismo al ver esa actitud de Oscar, que lo miraba fijamente dijo: «no me importa que vengan a matarme». Terminó su intervención, se sentó, el otro parlamentario le soltó el brazo a Oscar que ya pudo sacar su cajetilla de cigarrillos y retornó a su curul. Hubo risas generalizadas y comentarios a soto voce. Olvidaba decir que fui cronista parlamentario de Guatemala Flash y Diario de Centro América.

Cuando llevaba Mi Butaca, pasaba con él a su oficina, y platicábamos largo rato, recordamos esa anécdota. En dos ocasiones me regaló una fotografí­a suya tamaño 8 x 10 pulgadas, a colores, cada una en una bolsa de manila, las vi sin sacarlas totalmente y por ello no me di cuenta de que no estaban autografiadas, lo cual lamento.

De manera pues, que con Oscar, como digo, mantuvimos una amistad de muchos años, vi que era un hombre de gran temple, de carácter enérgico, pero sobre todo, muy humano.