La vulnerabilidad sale a luz por aguaceros tormentosos


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Lo mismo cada año durante la época lluviosa de calidad tormentosa. Dicha expresión reiterativa equivale a mostrar nuestras desnudeces por completo. Son escenas como si fuesen un disco disonante de muchísimo uso, pero causantes de pánico febril debido a incontables pérdidas humanas y materiales, en completo menoscabo de los miserables haberes de nuestros compatriotas.

Juan de Dios Rojas


Si  el  impacto emocional  representa algo  incomparable a quien  visualiza tal fenómeno  arrasante,   a través  de los medios de comunicación social  en planes de primer impacto,   si nos ponemos en los casos de miles de perdedores pienso que sumamente difícil  es resistir los crueles y  tremebundos momentos críticos que  soportan con  entereza,   amor  a  la  tierra  y más  situaciones afectadas.

Una aproximación a la estadística correspondiente,   sin aspaviento  y auténtica realidad vemos que el  caso  objeto  de mil  dificultades,  llegamos a la conclusión lamentable generadora de desastres cada vez mucho  más evidentes de que en este sentido,   Guatemala ocupa primeros lugares  relativos a la fuerza ciclópea de la terrible  e imparable hasta hoy  en día, vulnerabilidad.

En el  fondo  ha quedado  siempre grabado  en los corazones sensibles aun de sectores poblacionales de dimensiones enormes,   el  asunto por demás complicado  y molesto  al  usuario que no  vemos en concreto planes encaminados  a la deseable y  esperada prevención,  constituyente de la columna vertebral  del sistema vial  y lo  relativo  al  campo,   tierras,   viviendas y ganado asolado.

Cierto  es que,   a pesar  de los pesares,   no  tiene clasificación en la línea de fenómenos de natura,   verbigracia Ágata,   etcétera.   Sin  embargo  tocante al régimen natural,  natural por la época,  conste.   Solo  aguaceros potentes, tormentosos  que dan rienda suelta al nerviosismo de los habitantes ubicados en situación de propietarios,  arrendatarios,  inquilinos y demás.

Referente a la ciudad capital,  que recién celebró las tradicionales Fiestas  Agostinas,   en  homenaje  a la  Virgen  de la  Asunción,   patrona citadina, los festejos anuales llevados a feliz término  en la zona 2,  linderos del antiguo  barrio  Jocotenango y  avenida Simeón Cañas cobró  vigencia. Diversidad de vendimia de atractivo culinario,  además juegos mecánicos y de azar.

Los  vendedores atribuyeron poco movimiento,   al  contrario  de años anteriores,   a las copiosas lluvias,   cuyo marco  liquido  impidió un mejor desenvolvimiento,  como también la presencia de visitantes,  inclusive procedentes del vecino país,   El  Salvador.  Por regla general  siempre toman parte activa en las solemnidades,   cuya generación del renglón  económico  da mejor prestancia.
Todo a propósito de la apertura de las compuertas del cielo sobre entorno de la tierra de los chapines, día y noche como testimonio de la invariable época lluviosa, con característica similar al Diluvio Universal de que nos habla la Biblia en  el  Antiguo  Testamento.  También de la histórica Arca del  patriarca Noé,  constructor  de la misma,   salvando  a los suyos.