Lo mismo cada año durante la época lluviosa de calidad tormentosa. Dicha expresión reiterativa equivale a mostrar nuestras desnudeces por completo. Son escenas como si fuesen un disco disonante de muchísimo uso, pero causantes de pánico febril debido a incontables pérdidas humanas y materiales, en completo menoscabo de los miserables haberes de nuestros compatriotas.
Si el impacto emocional representa algo incomparable a quien visualiza tal fenómeno arrasante, a través de los medios de comunicación social en planes de primer impacto, si nos ponemos en los casos de miles de perdedores pienso que sumamente difícil es resistir los crueles y tremebundos momentos críticos que soportan con entereza, amor a la tierra y más situaciones afectadas.
Una aproximación a la estadística correspondiente, sin aspaviento y auténtica realidad vemos que el caso objeto de mil dificultades, llegamos a la conclusión lamentable generadora de desastres cada vez mucho más evidentes de que en este sentido, Guatemala ocupa primeros lugares relativos a la fuerza ciclópea de la terrible e imparable hasta hoy en día, vulnerabilidad.
En el fondo ha quedado siempre grabado en los corazones sensibles aun de sectores poblacionales de dimensiones enormes, el asunto por demás complicado y molesto al usuario que no vemos en concreto planes encaminados a la deseable y esperada prevención, constituyente de la columna vertebral del sistema vial y lo relativo al campo, tierras, viviendas y ganado asolado.
Cierto es que, a pesar de los pesares, no tiene clasificación en la línea de fenómenos de natura, verbigracia Ágata, etcétera. Sin embargo tocante al régimen natural, natural por la época, conste. Solo aguaceros potentes, tormentosos que dan rienda suelta al nerviosismo de los habitantes ubicados en situación de propietarios, arrendatarios, inquilinos y demás.
Referente a la ciudad capital, que recién celebró las tradicionales Fiestas Agostinas, en homenaje a la Virgen de la Asunción, patrona citadina, los festejos anuales llevados a feliz término en la zona 2, linderos del antiguo barrio Jocotenango y avenida Simeón Cañas cobró vigencia. Diversidad de vendimia de atractivo culinario, además juegos mecánicos y de azar.
Los vendedores atribuyeron poco movimiento, al contrario de años anteriores, a las copiosas lluvias, cuyo marco liquido impidió un mejor desenvolvimiento, como también la presencia de visitantes, inclusive procedentes del vecino país, El Salvador. Por regla general siempre toman parte activa en las solemnidades, cuya generación del renglón económico da mejor prestancia.
Todo a propósito de la apertura de las compuertas del cielo sobre entorno de la tierra de los chapines, día y noche como testimonio de la invariable época lluviosa, con característica similar al Diluvio Universal de que nos habla la Biblia en el Antiguo Testamento. También de la histórica Arca del patriarca Noé, constructor de la misma, salvando a los suyos.