La vigencia de José Martí­


En 2007 se cumplieron 130 años del inicio de la etapa guatemalteca de José Martí­. En nuestro paí­s, el apóstol cubano experimentó lo que Roberto Fernández Retamar llamó la «revelación de Nuestra América». El pensamiento martiano adquirió dimensión continental y durante ese tiempo (entre marzo de 1877 y julio de 1878), empezó a utilizar con frecuencia la expresión «Nuestra América» en sus textos, para lograr la sí­ntesis entre independencia, identidad y unidad latinoamericanas. Este perí­odo también representa la génesis de su arte poética con su primera obra en prosa (Guatemala), en la cual plasmó su aporte para la renovación de la literatura en lengua española, al convertirse en uno de los precursores del modernismo.

Marco Vinicio Mejí­a

El prócer cubano querí­a que todas las fuerzas sociales, incluida la cultura, se subordinaran a la magna tarea de lograr la independencia. Aspiraba a que cada escritor fuera un combatiente, pues no toleraba los distanciamientos estéticos. Pretendí­a una literatura provechosa, constructiva, utilitaria, que sirviera para aunar voluntad y no para disgregarlas. «Las épocas de construcción, escribió Martí­, en las que todos los hombres son pocos; las épocas amasadas con sangre y que pudieran volver a anegarse con ella, quieren algo más de la gente de honor que el chiste de corrillo y la literatura de café, empleo indigno de los talentos levantados. La gracia es de buena literatura, pero donde se vive sin decoro, hasta que se le conquiste, no tiene nadie el derecho de valerse de la gracia sino como arma para conquistarla».

Martí­ puede ser considerado desde una o varias de sus múltiples facetas como pensador, poeta, escritor, orador, maestro, diplomático, periodista, agitador, conspirador, estadista y soldado, pero ante todo, fue y es un patriota. Enrique José Varona puntualiza que «para ver y abarcar desde un punto central la existencia tan accidentada de este gran hombre nada es tan adecuado como considerar su labor polí­tica. í‰sta es la esencia; las demás fases de su vida pública son detalles y accidentes».

El propósito principal de las ideas y acciones de Martí­ era y es la integración continental por medio del reconocimiento de la identidad latinoamericana. No se trataba de crear un Estado unificado sino llegar a una unidad en campos como la economí­a, la polí­tica, la concertación social y la vocación espiritual. La unión serí­a más eficaz, sólida y segura al fundamentarse en las estructuras propias.

Martí­ estaba consciente que se requerí­a una nueva América, distinta a la de las repúblicas de «males nuevos» nacidos de «viejos males» coloniales. Para él, la América unida serí­a la «patria ansiada», en la que no existan divisiones ni luchas intestinas como ocurrí­a -y aún persiste- en el seno de cada uno de los paí­ses que llegarí­an a conformarla.

La fragmentación ha debilitado a América Latina, manteniéndola en una pobreza secular, con economí­as precarias y mentalidades colonizadas en sus clases dirigentes, más atentas hacia las metrópolis -antes Europa y ahora Estados Unidos- que hacia el interior de sus propios pueblos. Los latinoamericanos podemos encontrar en el pensamiento martiano una fuente siempre renovada de identidad.