La viabilidad económica es el desafío mayor de Kosovo, la región más desfavorecida de los Balcanes, cuyos dirigentes de etnia albanesa se aprestan a proclamar la independencia.
La Unión Europea (UE) va a enviar una misión civil de unos 2 mil hombres para tomar el relevo a la ONU, que administra Kosovo desde 1999, pero la comunidad internacional no consigue relanzar la economía de esta provincia del sur de Serbia tras el conflicto de 1998-1999 entre las fuerzas serbias y los separatistas.
Según datos de diversos organismos, la inyección de dinero extranjero en Kosovo, en proyectos de reconstrucción o donaciones, fue de 2 mil a 3 mil millones de dólares por año hasta 2004.
Pero otros cálculos estiman que la cifra sería del orden de 11 mil millones si se tienen en cuenta las sumas enviadas por la diáspora albanesa.
Independientemente de su volumen, estas cantidades de dinero sirvieron para crear una economía de consumo, ya que la actividad productiva quedó completamente enterrada debido a los interrogantes sobre el estatuto de Kosovo.
Hoy en día, las carreteras están destruidas y hay numerosos pueblos que no tienen electricidad más que algunas horas por día.
El desempleo roza el 45% de la población activa y afecta a un 70% de los jóvenes; un informe del Banco Mundial estima que un 37% de los dos millones de habitantes de Kosovo vive por debajo del umbral de pobreza, con menos de 1,5 euros por día.
«Más de uno de cada diez kosovares tiene hambre», resumió Frode Mauring, jefe en Kosovo del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).
«Aproximadamente 1.300 millones de euros se dedican cada año a la seguridad y a la administración de Kosovo, mientras que 135 millones de euros se consagran al desarrollo. Habría que invertir estas cifras», estima el PNUD.
Un Kosovo independiente «contaría con la confianza de los inversores extranjeros», según el analista Muhamet Mustafa, quien estima que la independencia «abriría también las puertas del mercado financiero internacional».
«Tenemos una población joven que desea trabajar», subrayó este experto.
Según los especialistas, las perspectivas existen, por ejemplo en el sector de la energía, que representa una esperanza económica real. Las reservas de carbón en Kosovo se estiman en 15 mil millones de toneladas y las de minerales podrían llegar a varios miles de millones de toneladas.
«Las reservas de oro, níquel y cromo podrían ser muy superiores a lo esperado», asegura con optimismo la Comisión independiente para las minas y minerales de Kosovo.
Según Nick Burcham, que trabajó en esta Comisión, «Kosovo tiene centenares de zonas de prospección y varias compañías extranjeras estudian las posibilidades de los minerales».
Pero para otros, la futura independencia, más que una victoria podría resultar un pesado fardo.
«Tenemos que dejar de creer que la independencia aportará toneladas de dólares», advierte el economista Ibrahim Rexhepi.
«La crisis corre el riesgo de continuar. Impulsar la metalurgia, la industria de los alimentos y de la energía exige tiempo e inversiones», añadió.
Frode Mauring
jefe en Kosovo del PNUD