Desvelando uno de los fallos más grandes que la sociedad guatemalteca sufre en carne y hueso, como es la mala formación educativa, que se nota, se vive y avergí¼enza en todos los estratos, pretendemos abordar el tema, para insistir en que el Ministerio de Educación, DEBE por imperativo legal realizar una verdadera reforma educativa en el país.
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Una reforma educativa que sea en realidad pensada, proyectada, planificada, estudiada y aplicada por todas aquellas personas que tengan conocimiento científico y práctico del quehacer educativo en todos sus niveles: maestros, profesores, pedagogos, filósofos, sociólogos, psicólogos y otros profesionales afines al proceso educativo que aporten sus conocimientos de acuerdo a su competencia. Ya basta de copiar con todos sus errores los modelos educativos de otros países únicamente por quedar bien con las autoridades del Organismo Ejecutivo que supuestamente aceptan la generosa «ayuda» de otros países a cambio de recompensas ocultas para quienes han sido las autoridades de turno en el Ministerio de Educación y para los empresarios de esos países «amigos». Guatemala necesita una verdadera política educativa que transforme el sistema actual; debe dejar a un lado la formación memorística e iniciar un proceso de enseñanza para aprender a pensar, a conocer el ambiente nacional y sobre todo, para enseñar la verdadera historia de nuestro pasado, con sus luces y sombras. En los últimos procesos para la elección de Fiscal General, Contralor de Cuentas, Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Instituto de la Defensa Penal, hemos visto con desilusión los pésimos resultados obtenidos por los profesionales universitarios, que se supone, son los más aptos para desempeñar tales cargos; ni siquiera obtuvieron la puntuación mínima en cuanto a su formación educativa en general; imagínese usted, ¿qué se puede esperar de estos funcionarios si llegaran a dirigir el país? Lo anterior, deviene de la pésima formación educativa impartida en las escuelas e institutos nacionales y no digamos en la multicolor gama de colegios, liceos, escuelas, institutos y centros privados que atendieron a un porcentaje muy alto de la población, y que ahora como profesionales descubren en sus calificaciones la farsa de su proceso formativo; el cual es, para su vergí¼enza, del conocimiento público. Espero que este artículo sea otra llamada pública para atender lo que en realidad se DEBE atender: UNA VERDADERA REFORMA EDUCATIVA. ¿Cuándo el Colegio Profesional de Humanidades, convocará a sus colegiados para hacer un estudio, ensayo, taller y/o seminario acerca de esta problemática? O ¿para qué sirve entonces el Colegio? ¿Cuál es su aporte a la educación en Guatemala? ¿O solo para armar las fiestas del Día del Maestro y de Navidad sirve?