La Universidad de San Carlos está viviendo el proceso de elección para el nuevo Rector Magnífico que tendrá que asumir su cargo a mediados de año y en pocos días los estudiantes, profesores y profesionales, escogerán a sus representantes en el colegio electoral que deberá cumplir con el formalismo de escoger a la máxima autoridad entre los dos aspirantes, el doctor Carlos Alvarado Cerezo que ha sido alto funcionario en la gestión del actual Rector, y la doctora Hada Alvarado que se presenta contra la formidable maquinaria del poder en la Usac.
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No se puede negar que la Universidad de San Carlos de Guatemala es actualmente un verdadero reflejo de nuestra realidad y que su deterioro institucional es acorde al que se puede observar en el resto de la estructura orgánica del país y del Estado. Aquellos años en los que el prestigio académico de la Universidad Nacional era reconocido en forma unánime y cimentado por la existencia de profesores de gran calidad y autoridades comprometidas básicamente con la educación superior sin descuidar el análisis y estudio de los problemas nacionales, es cosa de la historia. Primero fueron los enemigos externos de la Universidad los que se ensañaron con ella eliminando a sus mejores elementos y ahuyentando al resto, dejando a la cátedra huérfana de sus mejores exponentes.
Pero no sólo los enemigos externos de la Usac contribuyeron al daño, sino también aquellos que desde adentro propiciaron la mediocridad académica y, peor aún, la corrupción y el clientelismo para hacer del poder en la Universidad un reducto controlado por el tráfico de influencias ya no sólo para mantener contentos a los electores, sino que también con poderes ocultos para que la influencia de la Universidad en cuestiones tan políticas como las Comisiones de Postulación, se pusiera al servicio de fuerzas tenebrosas.
Los pactos políticos desde la Rectoría son cosa común y corriente y no causan la menor reacción entre la comunidad universitaria que no se inmuta al ver el comportamiento de sus dirigentes. La selección de profesores con criterios de consolidar el poder y asegurar resultados electorales es algo que se da por sentado y que nadie cuestiona, aunque ello signifique renunciar a la excelencia que antaño caracterizó a nuestra Alma Máter.
Esta elección se produce en condiciones predecibles de absoluta desigualdad e imposibilidad de un verdadero juego democrático, porque la maquinaria funciona perfectamente aceitada para asegurar la continuidad del sistema. Por ello digo que es lo mismo que con el país, puesto que se elige para que nada cambie y para que el sistema pueda continuar sin sobresaltos alentando la corrupción, el clientelismo, el negocio a la sombra del Estado sin que exista la menor preocupación por el rescate institucional que haga funcional la democracia.
Viendo en retrospectiva uno puede ver que el mazazo a la Usac lo dieron sus enemigos de afuera durante los años de la represión que nos bañó en sangre, pero la puntilla la dieron muchos sancarlistas que en vez de preocuparse por el rescate de la Universidad, aprovecharon su deterioro para empoderarse mediante alianzas tenebrosas con fines totalmente opuestos a los fines mismos de nuestra máxima casa de estudios. Es tiempo de que la comunidad universitaria reflexione para ver el equivocado rumbo de nuestra Universidad.