La única oportunidad


Una administración exitosa requiere de polí­ticas integrales que reduzcan la pobreza y fortalezcan al Estado.

Lic. Carlos Barreda, Economista del Colectivo de Organizaciones Sociales COS.

El nuevo gobierno enfrentará una difí­cil encrucijada económica, los precios del petróleo superan los US$90 el barril y la economí­a de EE.UU. inicia un proceso de desaceleración, lo cual disminuirá nuestras exportaciones hacia el Norte, reducirá el ritmo de crecimiento de las remesas familiares, disminuyendo los flujos de inversión y aumentando la inflación. El FMI y la CEPAL han revisado las perspectivas de crecimiento económico para Guatemala hacia la baja, proyectando un crecimiento de alrededor del 4.4% para el 2008, estimación muy por debajo de la presentada por el BANGUAT de un 5.5%. Es decir, que las perspectivas hacia futuro no son favorables y el nuevo gobierno tendrá que enfrentar un perí­odo de vacas flacas.


Al débil crecimiento económico hay que agregarle una situación de extrema pobreza y desigualdad donde los escasos beneficios del crecimiento tienden a concentrarse en una minorí­a en la medida que el Estado no impulsa polí­ticas redistributivas, configurando un escenario de débil crecimiento sin equidad. El 62% del ingreso nacional se concentra en el 20% de la población más rica, mientras el 20% más pobre únicamente tiene acceso al 2.4%. La ENCOVI 2006 señala que el 51% de los guatemaltecos vive en condiciones de pobreza y el 15.2% en extrema pobreza.

En un contexto de ajuste económico mundial, pobreza y desigualdad, el nuevo gobierno enfrenta un aumento de las demandas sociales y el incremento de las expectativas ciudadanas derivado de la oferta electoral. El primer desafí­o es concretar una reforma tributaria progresiva que permita amortiguar el impacto de la eliminación del IETAAP, la disminución de ingresos arancelarios y la eliminación del impuesto a los boletos aéreos. El nuevo gobierno tiene que superar un agujero fiscal de alrededor de Q2,500 millones y elevar la carga tributaria en no menos del 13.2% del PIB, con el fin de aumentar la disponibilidad de recursos que le permita financiar un incremento del gasto y la inversión pública, para atender efectivamente la demanda social.

El impulso de una polí­tica social redistributiva que mejore la prestación de los servicios básicos y amplí­e su cobertura es un segundo desafí­o. El próximo gobierno tendrá que atender la demanda por más educación elevando los recursos para útiles, textos, alimentos, becas escolares y aumentando los salarios y prestaciones del magisterio, así­ como concluir la reforma educativa. En la salud resolver la crisis de la red de hospitales, centros y puestos de salud que requieren, reparaciones, equipo, medicamentos y personal, así­ como de reformas que permitan crear un sistema nacional de salud. Adicionalmente hay que rescatar y ampliar la seguridad social, garantizando los aportes económicos al IGSS como Estado y patrono.

La polí­tica salarial se constituye en un tercer desafí­o, con el fin de reducir pobreza y mejorar el bienestar de las familias. Urge reducir la brecha entre el costo de la canasta básica vital que supera los Q3,019.5 mensuales y el salario mí­nimo de Q1,350 mensuales. El impulso de la polí­tica de desarrollo rural y acceso a la tierra se constituye en el cuarto desafí­o para atender la situación de pobreza y desigualdad en el área rural, mediante el acceso al crédito, la reconversión productiva, ampliando la cobertura en la prestación de servicios públicos, infraestructura, asistencia técnica, capacitación para el trabajo, maquinaria, y mecanismos que amplí­en el acceso a la tierra para las comunidades indí­genas y campesinas pobres.

La única oportunidad para Guatemala es mejorar la equidad, elevar la productividad y fortalecer al Estado. Una administración exitosa requiere de polí­ticas integrales que reduzcan la pobreza, mejorando el entorno nacional para la inversión y la producción, fortaleciendo las instituciones, la calidad de la educación, salud, nutrición, investigación y desarrollo tecnológico, ampliando la infraestructura disponible, garantizando la seguridad y la justicia, así­ como un buen sistema financiero y bancario. En sí­ntesis, una adecuada relación entre Estado y Mercado.