La izquierda está totalmente desarticulada en nuestro país. Prueba de ello es el insignificante respaldo popular de los partidos que la representan, así como el divisionismo entre los mismos y su anacrónico discurso que contradice a su propio principio dialéctico. La izquierda, en términos prácticos, no existe, porque no ejerce ninguna presión significativa y porque no es capaz de organizar y ejecutar sostenidamente una oposición efectiva y significativa.
En este sentido, la izquierda deja vacíos que muy bien podría llenar la UNE si se lo propusiera honesta y responsablemente, como partido político.
Con esto lograría coherencia y cohesión en su programa de gobierno, así como la unidad de concepto y de acción necesarios para poner en práctica estrategias viables en el logro de objetivos de beneficio social, que son los más urgentes dadas las circunstancias por las que atraviesa el país. La ideología de izquierda es la más coherente en cuanto a planteamientos sociales, especialmente en países pobres y subdesarrollados como el nuestro.
Por ejemplo en cuanto a la responsabilidad del Estado frente a los más agudos problemas sociales que se originan por el alto índice de pobreza extrema y por las perversas estructuras de poder que deterioran y corrompen la organización del trabajo y de los procesos productivos. En un país en el que la violencia se perfila como el medio idóneo para solventar cualquier diferencia, ya sea ideológica, personal, política o económica, las soluciones deben tener todo el apoyo popular necesario para que las fuerzas de derecha, muchas de ellas con tintes fascistas, poco tolerantes, no reaccionen como es su costumbre y promuevan el anarquismo, antes de verse damnificadas en sus intereses.
Las soluciones que podrían dar los partidos de izquierda, si fueran fuertes y tuvieran acceso real y significativo al poder, podría asumirlas para sí la UNE, con la reserva de los compromisos adquiridos si éstos no le maniatan y le convierten en un partido mediocre y en un gobierno intrascendente y patético como el que culmina. La UNE no debe de soslayar que la derecha guatemalteca (con muy pocas excepciones) ha sido la responsable de actitudes tan nefastas como la traición a la Patria en tiempos de nuestra primera democracia revolucionaria.