La UNE podrí­a llenar vací­os de la izquierda


La izquierda está totalmente desarticulada en nuestro paí­s. Prueba de ello es el insignificante respaldo popular de los partidos que la representan, así­ como el divisionismo entre los mismos y su anacrónico discurso que contradice a su propio principio dialéctico. La izquierda, en términos prácticos, no existe, porque no ejerce ninguna presión significativa y porque no es capaz de organizar y ejecutar sostenidamente una oposición efectiva y significativa.

Milton Alfredo Torres Valenzuela

En este sentido, la izquierda deja vací­os que muy bien podrí­a llenar la UNE si se lo propusiera honesta y responsablemente, como partido polí­tico.

Con esto lograrí­a coherencia y cohesión en su programa de gobierno, así­ como la unidad de concepto y de acción necesarios para poner en práctica estrategias viables en el logro de objetivos de beneficio social, que son los más urgentes dadas las circunstancias por las que atraviesa el paí­s. La ideologí­a de izquierda es la más coherente en cuanto a planteamientos sociales, especialmente en paí­ses pobres y subdesarrollados como el nuestro.

Por ejemplo en cuanto a la responsabilidad del Estado frente a los más agudos problemas sociales que se originan por el alto í­ndice de pobreza extrema y por las perversas estructuras de poder que deterioran y corrompen la organización del trabajo y de los procesos productivos. En un paí­s en el que la violencia se perfila como el medio idóneo para solventar cualquier diferencia, ya sea ideológica, personal, polí­tica o económica, las soluciones deben tener todo el apoyo popular necesario para que las fuerzas de derecha, muchas de ellas con tintes fascistas, poco tolerantes, no reaccionen como es su costumbre y promuevan el anarquismo, antes de verse damnificadas en sus intereses.

Las soluciones que podrí­an dar los partidos de izquierda, si fueran fuertes y tuvieran acceso real y significativo al poder, podrí­a asumirlas para sí­ la UNE, con la reserva de los compromisos adquiridos si éstos no le maniatan y le convierten en un partido mediocre y en un gobierno intrascendente y patético como el que culmina. La UNE no debe de soslayar que la derecha guatemalteca (con muy pocas excepciones) ha sido la responsable de actitudes tan nefastas como la traición a la Patria en tiempos de nuestra primera democracia revolucionaria.