La «U» no está cerrada, está despierta


Sobre sus hombros indudablemente pesa una responsabilidad enorme, claro, hablo del deber que corresponde a la juventud… pero… vamos a ser crí­ticos ¿les parece?

Lourdes ílvarez
usacconsultapopular@gmail.com

Porque bombardeados cada dí­a con el eslogan del consumo o «deber», resulta difí­cil que la mayorí­a de jóvenes dediquen algún momento para el análisis serio de problemas que nos afectan, ni qué decir de aquellos problemas que afectan al colectivo.

«El deber de los estudiantes es estudiar», se escuchó por ahí­ en algún momento, al cumplirse varias semanas de toma del campus central de la universidad de San Carlos de Guatemala, por parte del grupo de estudiantes EPA.

La misma consigna, aunque en algunos casos no tan explí­cita (por obvias razones) es utilizada por el Consejo Superior Universitario en sus argumentos a favor de quitar la cuota estudiantil en la toma de decisiones y convocar a respectivas elecciones, o bien, a favor del desalojo del campus.

Pero la comunidad estudiantil, en su mayorí­a jóvenes que no sobrepasan los 30 años, antes de ser estudiantes somos humanos y eso implica integralidad, y hoy todas y todos coincidimos en hablar del compromiso que tenemos ante las necesarias reformas a la U, que implican mucho más allá de una revisión superficial de pénsum.

Si bien el cierre de la «U» ha generado temas ricos en discusión desde las más diversas perspectivas, todas confluyen en destacar el protagonismo no sólo como individuos académicos aislados en la isla llamada Usac, sino como parte fundamental de un todo que implica transformaciones de carácter profundo e integral en todos los niveles del ámbito universitario y nacional.

Y es precisamente eso, el debate, lo que por tanto tiempo pasó desapercibido y hoy surge en las y los propios estudiantes autonombrados apolí­ticos, que entretenidos en parciales o trabajos o más pruebas, pasaban por aulas y pasillos viendo hacia el piso o el cuaderno.

El debate no se ha quedado al margen de los grupos de estudiantes, la población y jóvenes que no forman parte de San Carlos, identifican los problemas y peligros que se ciernen sobre la única universidad estatal del paí­s donde pueden tener acceso a educación superior.

Es de reconocer que este debate, como bien se dijo, incluso en las posturas más radicales o analí­ticas y profundas, otorga a la juventud que es universitaria y aquella que no, un campo de pensamiento y acción impresionante.

El ejercicio y la práctica hacen al maestro reza el dicho, es de esperar que las y los que hoy nos sumamos al debate sigamos contribuyendo con acciones encaminadas a la Reforma Integral de la «U», a seguir desbaratando esquemas que suponen a las y los estudiantes como agentes pasivos que únicamente juegan un «rol» en la universidad. Es necesario generar posturas crí­ticas responsables y coherentes que enriquezcan el proceso y ejercicio democrático necesario para la «U» y la sociedad.