La solidaridad del portugués ha aumentado considerablemente, tanto dentro como fuera de los terrenos de juego.
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El discurso que Cristiano Ronaldo pronunció ayer, en la rueda de prensa previa al partido de Champions League que el Real Madrid afrontará esta noche frente al CSKA de Moscú, está dando mucho que hablar. Y, curiosamente, no es porque éste fuera polémico o crítico sino por todo lo contrario. Porque fue cauto y meditado y porque por primera vez, Cristiano Ronaldo no habló de sí mismo sino del equipo.
Lejos quedaron sus críticas hacia la filosofía empleada por José Mourinho («No me gusta jugar así, pero es lo que hay», señaló tras perder frente al Barça el año pasado en el partido de ida de las semifinales de la Champions League) y su arisca actitud hacia Lionel Messi, con quien es continuamente comparado. «Estoy feliz por Messi», aseguró ayer en referencia a los cinco goles que el argentino le endosó al Bayer Leverkusen la pasada semana.
Tales palabras difícilmente las habría pronunciado el ‘viejo’ Cristiano Ronaldo, el que nada más aterrizar en el Santiago Bernabéu espetó aquello de «no tengo nada que envidiarle a Messi» o el que tachó de «anormales» a los aficionados que la temporada pasada, para tocarle la moral, coreaban el nombre del argentino cuando era él quien estaba sobre el terreno de juego. «A quién le gusta el fútbol, le gusta ver a Cristiano Ronaldo», señaló también el luso tras un partido disputado con la selección de Portugal.
Unas declaraciones soberbias que no tienen que ver con sus nuevas argumentaciones. «Lo más importante es el Madrid», señalaba ayer tras ser preguntado por si era más determinante su presencia o la de José Mourinho. Y, posteriormente, continuó con el alegato basado en la trascendencia del juego colectivo. «Lo estoy haciendo bien, pero lo más importante, lo más difícil, lo están haciendo mis compañeros. Ellos están mejor que yo, más seguros que yo. El equipo está mucho mejor que yo y eso tiene que estar en primer lugar. Los objetivos individuales son aleatorios», confirmó.
Sus solidarias palabras encuentran sustento también en su nueva forma de entender el juego. Cristiano Ronaldo ya no juega para sí mismo, también celebra los goles de sus compañeros y aunque siempre se ha desfondado sobre el césped, ahora lo hace por el bien colectivo y no por el propio. Ha frenado sus visibles enfados cuando algún compañero no le sirve el balón y, encima, no ha rebajado un ápice sus registros goleadores. El año pasado anotó 53 goles en 54 partidos y, esta temporada, ya lleva 40 en 38 encuentros.
Cifras espectaculares, sin duda, para un futbolista que es Pichichi de Primera División con 32 tantos y que, esta noche, intentará aumentar su renta en Champions, donde ha anotado cuatro goles contra los 12 de Messi, frente al CSKA. Que tiemblen los rusos.