La traición de Justo Rufino Barrios


Hace 173 años, el 19 de julio de 1835, nació en San Marcos Justo Rufino Barrios y Auyón, quien gobernó como dictador entre 1873 y 1885. La reforma liberal impulsó «un furioso anticlericalismo y el fomento de las obras y servicios públicos exigidos por la gran expansión del café.» Con Barrios, el liberalismo se dirigió a la conservación de un nuevo orden también excluyente. Para fortalecer el sistema, se basó en el modelo del Segundo Imperio francés que sustentaba su fuerza en un ejército profesional.

Marco Vinicio Mejí­a

Para el dictador, el autoritarismo era deseable si favorecí­a la activación económica reconocida como progreso. En su expediente ideológico incorporó la «paradoja de la libertad», vislumbrada por el pensador chileno José Victorino Lastarria (1817-1888): «la posibilidad de la libertad radicaba en la independencia, la consolidación de la independencia como condición de la libertad conducí­a compulsiva y reiteradamente a la negación de la libertad.»

La eliminación de todos los fueros y canonjí­as de la Iglesia católica provocó, entre otras consecuencias, que el control de la educación pública lo ejerciera el Estado. Barrios impulsó un liberalismo para constituir un orden neocolonial de dominación, tanto externo como interno, que generó el desarrollo del capitalismo dependiente, aunque posteriormente se transformó en un mercantilismo al servicio de la oligarquí­a.

Los regí­menes posteriores etiquetados como «liberales» (entre 1891 y 1944, con dos dictaduras que sumaron 36 años), desdibujaron las fronteras entre el liberalismo conservador y el conservadurismo liberal. Por un lado, hubo cierta apertura hacia la modernidad y el progreso; por otra parte, se conservaron las tradiciones y circunstancias del mundo colonial. Esa decadencia y la penetración de los capitales extranjeros echaron por la borda el original impulso progresista de la Revolución de 1871.

En el origen de los despotismos, como los vividos y sufridos en Guatemala, se encuentra la desatención de los intereses, las necesidades y los problemas propios y la falta de formulación de enfoques adecuados a la realidad nacional. Así­ lo señaló José Martí­: «Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caí­do en cuantos le hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiraní­as su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del paí­s, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos.»