Como lo señalamos en la columna anterior, la genialidad musical de Schubert se centra en las canciones íntimas alemanas, los famosos y extraordinarios Lieders que todo poeta del siglo XVIII y XIX escribiera reforzando la identidad alemana. En tal sentido Schubert estuvo como maestro de música con la familia Sterhazy en donde encontró al poeta Franz Grillparzer. Como dijéramos también, antes de 1821 solamente algunos Lieder de Schubert habían sido impresos a título de suplementos.
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela
Aquel año, Ignaz Sonnleithner, amigo de Schubert, emprendió la tarea de editar por suscripción diecisiete cuadernos de Lieder. “El Rey de los Alisos” apareció como Opus 1 seis años después de su composición. Sirvan estas notas también como homenaje a Casiopea, esposa dorada, quien con su paso continuo se vuelve nota de pentagrama en mi alma, quien tiene sonoro aleteo de ave y cuya imagen de ternura ha quedado presente en mi sangre por siempre de siempre.
La crítica no se ponía de acuerdo, pero el producto de la venta permitió a Schubert pagar las deudas que, a pesar de su modo de vida más que modesto, tuvo que contraer. En un momento de debilidad, Schubert cedió imprudentemente todos sus derechos de autor a la editorial que había asumido la administración de sus Lieder, por la suma de ochocientos florines, cuando en dos años habían reportado dos mil. Además, había caído gravemente enfermo, pues la influencia de Schober y la desesperación provocada por sus contratiempos le habían empujado a una vida mucho menos ordenada
De esta época procede la música de Rosamunda, El Arpa Mágica y La Bella Molinera. La mayor parte de este ciclo de canciones fue compuesta en el hospital. En 1824 Schubert alquiló por primera vez una habitación, cosa que no hizo más que aumentar sus dificultades económicas. En su Diario, fecha 24 de marzo, se lee: “El dolor agudiza el espíritu y hace al hombre más fuerte; la alegría, por el contrario, ablanda los sentidos y nos hace débiles”.
En 1825 se le ofreció el puesto de segundo organista de la corte; Schubert rehusó: “el Estado debe mantenerme a fin de que yo pueda componer con toda libertad y exento de preocupaciones”. Puede que este hombre tímido tuviera miedo ante tal prueba, pues, en el otoño siguiente, solicitó el puesto de segundo director de manera regular, pero los honorarios que le producían eran ridículamente bajos. En 1827, la plaza de maestro de capilla en el Karntnertortheater quedó vacante. Las intrigas hicieron fracasar las numerosas tentativas de Schubert por obtener este puesto. El breve juicio que sobre Schubert expresó Beethoven antes de morir no pudo librarle de sus preocupaciones. Después del entierro de Beethoven, Schubert y sus amigos fueron al café, se bebió el primer vaso: “por el que acabamos de enterrar”; el segundo “por el que le siga”. ¿Presentía que sería él?
En el lieder Viaje de Invierno se hace patente el deseo de morir; él mismo llama a este ciclo “guirnalda de amargas canciones. Cuando los domingos visitaba a sus padres, pedía algunos kreuzer a su madre para poder adquirir un poco de comida, ella se los daba con agrado cuando podía. El 26 de marzo de 1828, por su cuenta y riesgo, Schubert dio un concierto en el que sólo fueron ejecutadas obras suyas. El éxito fue grande, las críticas se inhibieron; con el producto de dicho concierto (ochocientos florines), Schubert pudo comprarse un piano, pues desde hacía años tenía uno alquilado y pagó sus deudas.
El Atlas y El doble, lieders compuestos hacia la misma época, traducen el ambiente que dominó el último año de la vida de Schubert.