La telenovela Centeno y Gutiérrez


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Más allá de las razones políticas que quizá tengan que ver con aproximaciones ideológicas o motivaciones morales, los enfrentamientos entre el Ministro de Finanzas, Pavel Centeno, y el exdirector de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), Miguel Gutiérrez, también pueden interpretarse como una confrontación de egos en los que la inteligencia social o emocional de ambos quedó al descubierto como un verdadero fracaso.

Eduardo Blandón


Mi tesis no descarta, faltaba más, motivaciones importantes, que han sido expuestas lúcidamente y con abundante información por otros colegas periodistas. Lo que sostengo es que ni Gutiérrez ni Centeno superaron las tensiones que generan la presencia de dos gallos en un gallinero. Afirmo que los dos tecnócratas parecen concebirse como seres dotados de cualidades extraordinarias y que cualquier amago de sombra produce nerviosismo y estado de alerta.

Con tales sentimientos, el estado de vigilia de ambos era permanente y el temor constante. Así, cualquier discurso o acción que denotara desventaja o mensaje indirecto, hacía que ellos se pusieran los guantes y como niños imberbes acudieran a los medios a poner queja. Uno lloriqueaba a la Prensa porque no se le reconocían sus talentos (Gutiérrez), el otro, con cara de yo no fui (Centeno), siempre restando crédito a su pequeñuelo hermano-colega.

Los dos tecnócratas, hombres maduros que presentan orondos sus títulos en el extranjero y su larga trayectoria profesional, no pasaron de ser dos mocosos incapaces de entenderse. De dónde puede colegirse también que el hábito no hace al monje y que si bien pueden ser personas de amplios conocimientos científicos (más o menos), humanamente son un par de enanos a los que ni en su casa ni en la escuela les hicieron un gran favor.

Separarlos era lo mejor, más allá, repito, de las intenciones siniestras que pudo haber conducido semejante decisión, como algunos han dejado entrever. En materia de administración económica y financiera pueden haber diferencias de criterios técnicos, pero no espacios para la riña entre personalidades inmaduras. Así pues, mandar a un gallo al extranjero y dejar al otro en su lugar, pone fin al teatro vulgar entre los protagonistas de esas instituciones del Estado.

Y si de algo ha servido la comedia, el drama o la telenovela que montaron Pavel Centeno y Miguel Gutiérrez quizá sea para aprender que al mismo tiempo que hay que crecer en competencias profesionales, se debe desarrollar también el músculo humano. La escuela y la universidad deben atender no solo las cabezas, sino el corazón, los sentimientos y esa inteligencia que va más allá de la resolución de ecuaciones matemáticas y la memorización de conceptos. Es aquí donde nuestros burócratas se quedaron minúsculos, subdesarrollados, pigmeos.