La supercorte, los doce apóstoles y el decisionismo


Edgar-Balsells

La supercorte guatemalteca ha dado a conocer su veredicto en relación con el expediente del caso por genocidio, y ha dictaminado que la presidenta del Tribunal Primero A de Alto Impacto, Jazmín Barrios, deberá entregar a la jueza Primero A de Mayor Riesgo, Carol Patricia Flores Polanco, el expediente indicado.

Edgar Balsells


Sin lugar a dudas es una lucha ideológica, y si no que lo digan los doce apóstoles, como se les ha llamado a los distinguidos y siempre bien ponderados altos tecnócratas que la semana pasada firmaron un comunicado titulado “Traicionar la paz y dividir a Guatemala”. Si bien todos ellos se preciaban de tender puentes y de ser “altos negociadores”, no vacilaron en mostrar su lado “oculto”, cuando observaron la trascendencia de los nuevos movimientos sociales.
En la coyuntura actual se han movido, de infinidad de maneras, todos aquellos expertos en crear “estados de excepción”, y es que si se trata de solucionar problemas de bancos fallidos, de detener expectativas de reivindicación popular, de neutralizar movimientos por mayor participación, es de esperar una reacción, que lógicamente tendrá que ser más contundente en la medida que se observa el avance de la ola. Pero hay momentos que la ola supera el valladar, y si no que lo diga la historia de muchos pueblos ejemplares.
El decisionismo se ha impuesto de nuevo, algunas veces el hachazo vino del Congreso de la República, que hoy dicho sea de paso se ha sumido en el más alto ostracismo; otras veces cayó del Ejecutivo,  del Ejército, y hoy es por el lado de las altas cortes, permeadas por verdaderos  zorros de la política. Por algo todas las universidades del país se mueren por tener facultades de Derecho.
Y tal como lo dice un teórico de nombre Javier Flax, que me gustó mucho estudiar en mi reciente tesis doctoral: “así como existe la excepcionalidad genuina y ésta requiere de una justificación y un consenso de los poderes del Estado sobre los instrumentos de emergencia, también es cierto que uno de los recursos para justificar poderes extraordinarios consiste en exagerar la interpretación de un estado de desorden, en provocarlo, o incluso, en meramente invocarlo”. Y eso es precisamente lo que han hecho los intelectuales orgánicos del statu quo.
Antes, hace tan sólo algunas décadas, las luchas se conseguían en el terreno de las disputas territoriales y la violencia política, y eso fue lo que llevó a cientos de jóvenes a involucrarse en los movimientos guerrilleros y a conformar lógicamente las reacciones estatales u oligárquicas, acuerpadas por altos poderes externos, como lo fue el propio Departamento de Estado gringo. Hoy la situación es otra.
La lucha es controlando los medios informativos, apelando a tonos discursivos diversos y por supuesto optando por el control de instituciones: léase iglesias, Ejércitos por supuesto, y también universidades, colegios y periódicos.
Esta lucha invoca otros instrumentos de persuasión, y para ello se requiere de un buen ejército de intelectuales y apóstoles en ambos bandos. Pero ingenuo sería pensar que las conquistas sociales y la búsqueda de la verdad es un tema de acceso unilineal a la justicia. Se requiere entonces de estar despierto todo el tiempo, reflexionar sobre las experiencias malas y buenas y buscar solidaridad, amigos y esquemas nuevos de ordenamiento social.