La suerte sonrí­e ahora a Obama


La sucesión de resultados favorables en las últimas primarias coloca al senador Barak Obama en posición ventajosa para convertirse en el próximo candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos para enfrentar a John McCain quien ya no tiene en verdad rivales en el partido republicano. Anoche tuve la oportunidad de escuchar por televisión el discurso que durante 45 minutos dirigió a varios miles de simpatizantes en Houston, Texas, estado que en estos momentos se vuelve crucial porque si Hillary Clinton no logra una victoria allí­, sus aspiraciones podrí­an quedar sepultadas.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Desde hace algún tiempo se ha venido diciendo que el discurso de Obama es realmente motivador y se le considera un candidato capaz de inspirar muchos sentimientos entre su auditorio. La crí­tica ha sido que como buen inspirador, su discurso se basa en generalidades cuando habla de la esperanza, del cambio, del reto para una nueva generación, pero carente de contenido y detalles sobre sus planes de gobierno. Anoche su discurso fue muy largo, ciertamente, pero estaba dirigido a un público que deliraba con sus palabras y le permitió combinar tanto esa caracterí­stica motivadora que todos le reconocen, como lo concreto sobre temas puntuales.

Habló con propiedad y detalle sobre el tema de la guerra y el rescate del prestigio internacional de Estados Unidos en el mundo. Explicó cómo la retirada de las tropas de Irak le permitirá disponer de un ejército eficiente para proteger los verdaderos intereses de Estados Unidos, abandonando la polí­tica del chantaje mediante la explotación del miedo que ha usado el gobierno de Bush. Y de una vez explicó a dónde irán a parar los miles de millones de dólares que su paí­s gasta en la guerra, para mejorar el sistema de seguridad social.

Su polí­tica en el campo de la educación es seria y concreta, superando las deficiencias del programa tan criticado de la administración Bush que pretendí­a no dejar a ningún niño al margen de los beneficios de la educación. Habló del necesario apoyo a la empresa privada, a la libertad económica, pero criticó que los ejecutivos de las empresas que cada diez minutos ganan el equivalente al salario promedio de la población de Estados Unidos tengan exoneraciones de impuestos mientras la clase media tiene que pagar sin deducción su impuesto sobre la renta, marcando una gran diferencia en el tema fiscal que representa una parte importante del debate económico.

En el tema de la migración, tan importante para nosotros, destacó que cree en mejorar la vigilancia fronteriza y en aumentar los controles para evitar el ingreso de más indocumentados y en sancionar a los empleadores que se aprovechan de la oferta de mano de obra de los ilegales, pero reconociendo el carácter de paí­s de inmigrantes que tiene Estados Unidos, dijo que es necesario legalizar la situación de quienes ya están viviendo allí­ y muestren su interés en aprender el idioma y en ser parte de esa nación.

En el tema de la seguridad social y la cobertura universal de sus beneficios en el plano de la salud, destacó que su propuesta va más allá de un régimen que permita a cualquier ciudadano curar sus enfermedades gracias al seguro médico universal, porque él cree en un sistema de salud que haga más énfasis en la prevención, lo que se ha probado más barato que la curación.

Yo creo que Obama surgió en un momento especial y con ese sentido de oportunidad que es propio de los polí­ticos exitosos. El desastre del gobierno de Bush abona a favor de su causa y también lo hace que su principal rival en el partido demócrata sea Hillary Clinton, quien si bien atrae a mucha gente, también provoca anticuerpos muy profundos y pasionales. De una u otra manera, la mayorí­a de la gente está a favor de un cambio profundo y como que ya se aceptó la tesis que deberán escoger por vez primera entre una mujer y un hombre de color. Pero mientras esa mujer despierta tantos rechazos, el hombre de color crece entre los distintos grupos de población, quizá porque hasta en su misma raza él es amalgama y cada dí­a son más los blancos que lo ven bien, a quienes entusiasma su discurso.

Para la elección general no puede haber mayor contraste que el que plantearí­a su candidatura con la de John McCain. Sin necesidad de que hablen, con sólo observar el lenguaje corporal de ambos ya se marca la diferencia entre un joven dinámico y un hombre de edad cuyo discurso es poco atractivo.

Cierto es que en Obama lo más destacado es su discurso y que el mismo tiene más peso que su propio récord como legislador de Illinois, primero, y en el Senado de Estados Unidos después. Cierto es que carece de experiencia probada en polí­tica exterior, pero al menos fue de los que se opusieron desde el principio a la guerra en Irak y no de los «expertos» que al principio avalaron la agresión dispuesta por Bush y luego se arrepintieron contritos al ver el desastre.

Y también es un hecho que todos los grandes estadistas del mundo han sido buenos comunicadores, lí­deres con capacidad de usar el discurso para convencer a sus pueblos y lograr el respaldo para grandes proyectos, para grandes cambios y transformaciones o para grandes sacrificios. Atarantados que no pueden hablar ni pueden comunicarse con su gente no pueden competir con lí­deres inspiradores como fueron en su momento Roosevelt y Churchill. Reagan sigue siendo visto como un gran presidente por su habilidad para comunicarse, lo mismo que Kennedy y Clinton. Castro le debe mucho a su oratoria para haberse mantenido tanto tiempo en el poder. Los ejemplos de los Cerezo, Serrano o Portillo, picos de oro que no supieron usar su discurso, son porque el mismo nunca correspondió a la práctica y mientras decí­an una cosa hací­an otra. Pero un lí­der con buen discurso cuyos actos sean coherentes, está llamado a ser un gran estadista.