Triple campeona olímpica en Seúl-1988 (100 m, 200 m, 4×100 m), Florence Griffith Joyner permanece para siempre como un gran enigma. Transformada físicamente, la estadounidense superó con facilidad a sus adversarias. Tras fallecer a los 39 años, se llevó con ella el secreto de sus fabulosos récords del mundo.