El director Jaime Rosales estrenó hoy «La soledad» en la sección Una Cierta Mirada, única película española presente en la selección oficial del Festival de Cannes y demostración rotunda de que la emoción no está reñida con las innovaciones visuales.
Dividida en cuatro capítulos y un epílogo, «La soledad» propone varias historias personales que se relacionan entre sí con vínculos familiares o de amistad y son tan normales como la vida misma, entre la rutina diaria y la fatalidad que se impone brutalmente, en forma de hospitalización o de muerte por atentado.
La Adela y Antonia del título del primer capítulo son la espina dorsal de la película, dos madres, una soltera de un pequeño y la otra de cierta edad, con tres hijas ya mayores… Vidas apacibles hasta que el destino las descompone sin previo aviso.
El director no ha querido rostos muy conocidos para que la historia ganara en veracidad y acertó con los elegidos, empezando por dos actrices entrañables, Petra Martínez y Sonia Almarcha, que pisan demasiado poco los caminos del cine.
Para Rosales, la imagen y los silencios tienen tanta importancia como las palabras a la hora de captar sentimientos y matices. El relato transcurre de manera lineal, sin romper la noción del tiempo, como hace un Tarantino.
Eso no quiere decir que Rosales opte por una narración convencional. En su caso, propone en momentos determinados un desdoblamiento original de la pantalla, la polivisión, para aportar perspectivas nuevas a los personajes sin romper la lógica de la narración ni enfriar las emociones.
«Este proyecto nació con la intención de trabajar un lenguaje y una historia. Por un lado un guión y por otro una gramática de la polivisión para que me funcione como lenguaje aplicable a cualquier película», explica el director a la AFP.
Jaime Rosales, barcelonés de 37 años, asegura que quiso ser sucesivamente escritor, músico, pintor, escultor y sólo cuando fracasó en esas disciplinas se resignó a intentar el cine, y para ello estudió en San Antonio de los Baños y luego en Sydney.
De su paso por la escuela cubana guarda el convencimiento de que el cine es un modo de expresión colectiva. «Necesito trabajar con gente que lleve un artista dentro y que en el proyecto que yo les pueda plantear encuentre la manera de hacer suya la película», explica.
«Es bastante dificil de encontrar en la industria, donde la implicación es menor por efecto de la especialización», asegura, y por eso recurrió a ex alumnos de San Antonio de los Baños para «Las horas del día», presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes en 2002.
Todos los jefes de equipo, desde la productora ejecutiva, director de fotografía, sonido, director, guionista han repetido, y muchos de ellos con las mismas personas a sus órdenes: españoles de Madrid, Barcelona, el País Vasco, montador de República Dominicana, script uruguaya…
«Espero que la película los represente tanto a ellos como a mí», dice Rosales.