La sociedad de la ceguera


 Los eruditos pasaron de moda.  Quiero decir, aquellos personajes de la antigí¼edad que solí­an saber de todo: Aristóteles, San Agustí­n, Santo Tomás, Descartes, Kant, Hegel y tantos otros más.  Esos sabios ya no existen, dieron paso a otro tipo de personajes: los especialistas.

Eduardo Blandón

Vivimos en el mundo de los especialistas.  Y así­ aconsejan los preceptores en la actualidad: especialí­zate.  Insisten en que, dado que los saberes se han desarrollado demasiado, es imposible intentar saber de todo.  Por tanto, es necesaria la especialización, volverse erudito, pero tan solo de una sola parcela del saber.

 

 Así­ es como llegamos a lo que Leonardo Boff llama «la sociedad de la ceguera», un mundo que aunque puede jactarse de sobreabundancia de información, no comprende nada, es un planeta de bobos y ciegos que por carencias elementales padecen de una enfermedad que en la antigí¼edad habrí­a dado vergí¼enza. 

 

«Hoy se difunde pomposamente que vivimos en la sociedad del conocimiento, una especie de nueva era de las luces. Efectivamente así­ es. Conocemos cada vez más sobre cada vez menos. El conocimiento especializado ha colonizado todas las áreas del saber. El saber reunido en un año es mayor que todo el saber acumulado en los últimos 40 mil años. Si por una parte esto trae innegables beneficios, por otra, nos hace ignorantes de infinidad de dimensiones, colocándonos escamas sobre los ojos e impidiéndonos así­ ver la totalidad».

 

No vivimos en el mundo de la caverna de Platón en el que los hombres al menos contemplaban las sombras, el hombre actual está peor porque no ve nada, está ciego.  Y así­ nos encontramos con profesionales muy sabios en su área especí­fica de especialización, pero ignorantes en cuestiones tan elementales que habrí­an hecho temblar a cualquier iniciado incluso en la Edad Media.

 

A este respecto, Boff se pregunta, pensando en los sucesos relativamente recientes, «Â¿Cuáles de los grandes centros de análisis mundial de los años 60 previeron el cambio climático de los años 90? ¿Qué analistas económicos con premio Nobel antevieron la crisis económico-financiera que ha devastado los paí­ses más desarrollados en 2008? Todos eran eminentes especialistas en su campo limitado, pero idiotizados en las cuestiones fundamentales. Generalmente es así­: sólo vemos lo que entendemos. Como los especialistas entienden apenas una mí­nima parte de lo que estudian, acaban viendo apenas esa mí­nima parte, quedando ciegos para el todo. Cambiar este tipo de saber cartesiano desmontarí­a hábitos cientí­ficos consagrados y toda una visión de mundo».  

Pero no sólo el teólogo brasileño ha tomado conciencia de la hí­per especialización que atrofia y vuelve insensible y ciego, sino también el filósofo francés Edgar Morin.  í‰ste, en su libro «Los siete saberes necesarios para la educación del futuro», considera que el «pecado» de los «sabios» posmodernos consiste en la desvinculación de sus conocimientos, abstraen demasiado el objeto de su estudio y se pierden, se hacen inútiles en la comprensión del fenómeno global.  

«El conocimiento especializado es una forma particular de abstracción. La especialización «abs-trae», en otras palabras, extrae un objeto de su contexto y de su conjunto, rechaza los lazos y las intercomunicaciones con su medio, lo inserta en un sector conceptual abstracto que es el de la disciplina compartimentada cuyas fronteras resquebrajan arbitrariamente la sistemicidad (relación de una parte con el todo) y la multidimensionalidad de los fenómenos; conduce a una abstracción matemática que opera en sí­ misma una escisión con lo concreto, privilegiando todo cuanto es calculable y formalizable».  

En consecuencia, no es que no debemos especializarnos, no es esa la intención de este artí­culo.  Lo importante es tomar nota de la crí­tica y tratar de ampliar nuestro foco de estudio.  Un profesional de nuestros dí­as incapaz de apasionarse por la poesí­a, la literatura, la filosofí­a, el arte, la historia y hasta la teologí­a, es una vulgar caricatura de hombre sabio.