La sociedad censurada


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Atrás quedó la sociedad del secreto, de la compartimentación; aparentemente diluidas están las formas de monopolizar la información y la opinión porque el nuevo modelo de sociedad impulsado en el escenario de la globalización, demanda redes, impone intercomunicación, crea la falsa ilusión que todos estamos al alcance de la información, por compleja y oculta que sea.

Julio Donis


Naturalmente que el vehículo para este nuevo paradigma son las carreteras aceleradas de la virtualidad del internet. A partir de la instauración de la sociedad global se impuso sutilmente sin que lo notáramos la desjerarquización de la información. Consumimos al mismo nivel un programa biográfico sobre Lenin como uno  sobre la vida desbocada de Michael Jackson, como si ambos hubieran contribuido a las contradicciones de la historia de la misma manera, aunque seguramente hay miles de mentes que no distinguen diferencia. El espejismo implementado por el capital mundial a través de las seductoras transnacionales de la tecnología y la comunicación, de que todos accedemos a todo, o que todos tienen el derecho y la libertad de consumir lo que quieran, no tiene otro objetivo que el de extender el reino global del consumo. No hay tal libertad o prerrogativa de controlar la información en el espacio virtual, lo que hay es un ancho de banda cada vez mayor que se extiende como una atarraya gigante, que captura permanentemente y sin que se den cuenta los nuevos ciudadanos de este océano virtual. Por lo tanto, enarbolar la eficacia del feisbuk o del tuiter como los nuevos canales virtuales para manifestarse, en las llamadas ciber rebeliones, en alusión al uso de lo que  hicieron los ciudadanos en las revuelas de la primavera árabe del año 2010, es iluso si se piensa que en definitiva hay una mano privada que constriñe o afloja la teta de la libertad, de la virtualidad para que la información fluya o no. En este contexto, la censura al que ose criticar el orden establecido, al que intente cuestionar el poder del mercado o a los valores que dan sentido al consumo total, está tan vigente como en la sociedad del pasado; pero ahora en el presente el escenario de las voces críticas se debe abrir paso también sobre falsas campañas contra hegemónicas, nubes de humo preparadas por el poder que hegemoniza, esta es la nueva característica del mundo posmoderno. El mercado tiene la capacidad de emprender su propia competencia y por lo tanto por qué no iba a tener la capacidad de implementar campañas en apariencia que lo adversen. El sistema capitalista ha empezado a dar signos de agotamiento, muestras de declive, pautas que hacen pensar que el animal está herido. Carlos Aguirre, el historiador de las contrahistorias resumen esos signos en tres estatutos que hoy empiezan a verse frágiles o rotos: la relación entre el trabajo humano y el disfrute; la relación entre el mando y la obediencia; y la relación entre el privilegio y la exclusión. Así pues, en la sociedad del consumo global y del capitalismo herido, la censura es un mecanismo vigente del cual echa mano el poderoso que empieza a ver cuestionado su sistema de valores. Censurar por lo tanto implica que hay debilidad, connota que se ha empezado a echar mano de la violencia porque el cuestionamiento social acierta en el centro de la razón y la verdad. La mordaza de Radio Mundo al Grupo Intergeneracional impidiendo el debate sobre la campaña guatemorfosis de R. Arjona, indica que los valores de consumo  del capital transnacional de la embotelladora que respalda la misma, se ven cuestionados; lo que está en juego es que las burbujas de gas de la bebida ya no reviente en el cerebro de sus consumidores.