En la Democracia los pesos y contrapesos son necesarios, en algunos casos indispensables. El pueblo maduramente en las últimas dos elecciones no le ha otorgado a ningún partido político la mayoría parlamentaria.
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En el gobierno de Ramiro de León Carpio, sin criterio democrático ni un buen razonamiento político, se decidió con el apoyo de la supercúpula económica y sus allegados que el número de diputados fuera de 80. Es más, continuando ese equivocado criterio se plasmó como una aspiración de los Acuerdos de Paz que los diputados fueran un máximo de 80, perjudicando a las minorías.
Mi conocimiento de la dirigencia empresarial y los antecedentes que existen evidencia que la cúpula económica estima que mientras más pequeño sea el Congreso más fácil le será seducirlos, convencerlos o tenerlos dentro de su bolsillo, para que las leyes salgan con la tinta, la marca, el sentir, pensar y querer de la supercúpula y no de todos.
En todo Congreso habrá diputados con diferentes opiniones, afines a diferentes grupos de poder, algunos se sentirán más que satisfechos si los invitan a echarse los tragos, a jugar cartas y los llaman por su nombre de pila, sin darse cuenta que se han convertido, no en representantes de la población que los eligió sino, «en tontos útiles», pero como dicen «cada quien con su gusto».
El 14 de enero será pública la integración de la nueva junta directiva del Congreso, la multirrepresentatividad política es deseable, aun más el ideal sería que ningún miembro del partido político de gobierno presidiera el Congreso evitando así «las coincidencias o subordinaciones».
Ramiro de León no tuvo una bancada de partido; sin embargo, el Congreso de esa época reformó importantes normas y aprobó significativos impuestos que le dieron cuatro años de holgura económica al PAN. Qué bueno hubiera sido que el Partido de Avanzada Nacional no hubiera tenido mayoría parlamentaria, «pero con el apagón qué cosas suceden» e indudablemente la movida que le otorgó esa mayoría le permitió privatizar los servicios telefónicos, eléctricos e incluso concesionar Fegua, que a pesar de todo no funciona, también implicó el aumento de las tarifas, muchos recordamos a Alfredo Guzmán diciendo que pasar de pagar Q4 de cuota base por servicio telefónico a Q44 era bueno. Por supuesto que era bueno para quienes aparentaron comprar y después le revendieron al hombre más rico del mundo, distinto hubiera sido si se hubiera dado el capitalismo popular.
La nueva junta directiva del Congreso, igual que las anteriores, será la que reparta y multiplique los panes y los pescados pero no es la que tendrá la capacidad política ni decidirá las leyes que se aprueban o se derogan. Precisamente por ello y para evitar desgastes innecesarios al gobierno electo y frustraciones al ver el poco resultado que tendrá un presidente de la UNE -si es que a éste se elige- es que sería mucho más beneficioso para el país y para la política nacional que el Presidente del Congreso no fuera de la UNE, ni del Patriota, logrando así mejor equilibrio, mayor diálogo y menos compromisos personales.