La Semana Santa en Villa Canales, una vivencia local


Imagen del Señor Sepultado que recorre todos los Viernes Santos las calles de Villa Canales (fotografí­a: Anibal Chajón).

Anibal Chajón Flores

Universidad de San Carlos de Guatemala

Las grandes conmemoraciones de la Cuaresma y Semana Santa se realizan en todo el territorio guatemalteco, por lo que Villa Canales, a poco más de 20 kilómetros de distancia de la capital, no es la excepción.


Es frecuente citar las masivas celebraciones de Cuaresma y Semana Santa que se realizan en la ciudad capital. En informes turí­sticos, además, se destacan las actividades en La Antigua Guatemala y, en ocasiones, en Quetzaltenango. Sin embargo, en todas las poblaciones del paí­s se conmemoran esos dí­as importantes para el calendario litúrgico católico, como evidencia del impacto que los evangelizadores castellanos dejaron en toda la población del área.

Sin ir muy lejos, a pocos kilómetros de la capital, en Villa Canales, se realizan diversas actividades para la ocasión. De acuerdo con Jacobo Esquite, canaleño por nacimiento y por herencia familiar, todos los viernes de Cuaresma se realiza el rezo del Ví­a Crucis en el templo parroquial. El edificio es de factura moderna, sin pretensiones historicistas. En él se evidencia el espí­ritu austero y contemporáneo de los años posteriores al Concilio Vaticano II. Aunque está dedicado a San Joaquí­n, no posee imagen del santo. Recibió este patronazgo como un halago de las autoridades municipales de principios del siglo XX al mandatario Manuel Estrada Cabrera, cuya madre, doña Joaquina, no tení­a una santa reconocida por la Iglesia. También en sintoní­a con el ambiente postconciliar, preside el presbiterio la imagen de Jesús resucitado.

Han quedado casi en el olvido los otros dos templos con que contó la población, cuando era llamada San Miguel Petapa y estaba gobernada por la familia de origen poqomam de los Guzmán, descendientes del cacique Cazhualam quien no fue conquistado por los españoles sino que se alió exitosamente con ellos en el siglo XVI. Uno de los templos, dedicado a San Miguel, fue elogiado por el cronista criollo Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en el siglo XVII. Conserva dos hornacinas que no lograron destruir quienes levantaron un estacionamiento privado entre ellas, en una farmacia situada en la esquina opuesta a un banco. Cuando Fuentes y Guzmán describió el templo, lo utilizó como ejemplo de que «en México se extrae la plata pero en Guatemala se logra». Fue en ese templo donde se conservaba la imagen de la Virgen que, según se narra, habló con el Hermano Pedro. Otra suerte tuvo la fachada de la iglesia dedicada a la Virgen de Concepción, que se encuentra en un terreno circulado pero expuesta a la depredación por el tráfico y al peligro de que un impacto de autobús la destruya para siempre.

Sin embargo y, a pesar del paso de los siglos, las enseñanzas de los dominicos relativas a la Cuaresma y Semana Santa siguen vigentes. Es oportuno mencionar que los religiosos administraron la región y, además, establecieron prósperas plantaciones de caña de azúcar e ingenios, como se continúa haciendo en la actualidad en el área.

Tradiciones religiosas

Dentro de las principales actividades cultuales, según Jacobo Esquite, se encuentran los recorridos procesionales del Triduo Pascual, es decir el Jueves, Viernes y Sábado Santo, así­ como Domingo de Resurrección.

Debido a que la imagen de Cristo resucitado preside el templo parroquial, la efigie es cubierta con telas desde el Domingo de Ramos, indica el devoto canaleño Tarick Saballa.

El dí­a Jueves Santo, de la instauración de la Eucaristí­a y del sacerdocio para los católicos, se conmemora con el sufrimiento de Cristo después de la íšltima Cena, por lo que recorre las calles de la cabecera municipal la imagen de Jesús Nazareno. El Nazareno es homenajeado por los pobladores con alfombras de diversos tipos. «Hasta hace poco tiempo», indica Esquite, «las alfombras eran de pino y flores, con veladoras al centro. Pero ahora se hacen verdaderas obras de arte, con serrí­n de colores, como en La Antigua Guatemala».

Dentro de los rasgos caracterí­sticos que ha tomado la conmemoración en Villa Canales, destaca la valla compuesta por devotos ataviados de romanos. De acuerdo con Esquite, esta costumbre tiene ya decenios y es consecuencia de que la mayorí­a de cargadores participa en los actos devocionales que se realizan en La Antigua Guatemala, después de cargar en aquella ciudad dí­as antes. Los cargadores utilizan los atuendos de romanos proporcionados por los antigí¼eños en Villa Canales, para sus propias actividades de culto. «Pero muchos devotos ya han comprado sus trajes», afirma Esquite. Por lo tanto, queda evidencia de la importancia cultual de La Antigua Guatemala en otras poblaciones.

De acuerdo con la programación de la Hermandad encargada de la organización de las actividades, la imagen del Señor Sepultado es trasladada del templo parroquial al Calvario, un pequeño edificio de construcción moderna que se encuentra a poca distancia de la iglesia principal. Así­, el Viernes después del medio dí­a ya se puede dar inicio las actividades propias de la conmemoración de la muerte de Cristo. A la hora fijada por la tradición bí­blica, se realiza el Descendimiento, es decir que la imagen es retirada de la cruz y colocada en el anda procesional que, instantes después, recorrerá las calles de la cabecera municipal.

Hombres y mujeres participan por igual en la conmemoración, especialmente en los turnos de honor. El Sábado Santo (conocido como de Gloria porque la resurrección de Cristo acaeció a media noche) recorre la población la imagen de la Virgen de la Soledad. Para culminar el Triduo Pascual, el Domingo de Resurrección, por la mañana, sale en procesión la efigie de Cristo resucitado, del templo parroquial.

Gustos y sabores

La conmemoración de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo no es solamente una actividad religiosa, se encuentra amenizada y matizada por las actividades familiares que imprimen un sentido afectivo a la transmisión de la cultura de una generación a otra. Dentro de estas expresiones de la cultura tradicional destaca la gastronomí­a. Como la mayor parte de la región central y, debido al impacto cultural que ejercieron los centros urbanos de Santiago de Guatemala, primero, y de la Nueva Guatemala de la Asunción, después, el consumo de pescado es lo más frecuente. Además, cabe destacar que la región adyacente al lago de Amatitlán era la proveedora, por muchos años, del pescado consumido en ambas ciudades.

Dentro de la tradición cultural resemantizada en la región guatemalteca, el consumo de productos «frí­os», como el pescado, es propio de los dí­as sagrados, en los que no se trabaja y, por lo tanto, no se necesita de «calor». Según la visión tradicional, el pescado debe su caracterí­stica «frí­a» su procedencia acuática.

El pescado tradicional en Villa Canales es el «forrado» o envuelto en huevo, acompañado con arroz y encurtido colorado. La tradición hispana queda reflejada en esta combinación alimenticia: el huevo, la fritura en aceite, el arroz, la remolacha y la arveja fueron introducidas por los castellanos en el siglo XVI, por lo que el consumo de los productos «cristianos» serí­an los ideales para la comida de los dí­as más importantes del cristianismo. Algo parecido ocurre con el postre: las torrejas, hechas a base de pan de trigo, fritas y «ahogadas» en dulce de panela. Una vez más, los productos hispanos se sobreponen a los nativos: trigo, manteca de cerdo y panela. Por otra parte, la región de Canales fue, desde el siglo XVI hasta el XX, una de las más importantes en la producción de panela y azúcar, en especial para el consumo de La Antigua Guatemala y la capital, por lo que sus postres debí­an ser de excelente calidad.

El Señor en Agoní­a

La importancia de la Semana Santa, a nivel litúrgico, desplazó este año a la fiesta titular de Villa Canales, que se realiza el 25 de marzo, en honor al Señor en Agoní­a, por lo que se llevará a cabo del 28 de marzo al 6 de abril. Algunas personas cuentan la tradición sobre esta imagen de pequeñas dimensiones que reúne las actividades devocionales de la población. Según una de estas narraciones, la imagen apareció en una finca de los alrededores y fue llevada a la iglesia parroquial, que en esa época estaba construida donde actualmente se levanta el salón municipal. Al incremento de los devotos y de actos milagrosos atribuidos a la imagen se debe la fiesta titular que no se realiza en honor a San Joaquí­n, cuya fiesta, antes del Vaticano II era el 16 de agosto, y que fue trasladada al 26 de julio.

En definitiva, la Cuaresma y Semana Santa se vive en cada rincón de Guatemala, con sus propias caracterí­sticas pero con igual fervor y amor por las tradiciones heredadas de los antepasados.