La seguridad en el nuevo -aunque incompleto- TransUrbano todavía no arranca. Los usuarios no cuentan con «paradas seguras», aún no se implementan las cámaras de seguridad en todas las unidades de transporte y no se controla con eficacia el uso de las tarjetas prepago. El que parecía uno de los mayores logros del gobierno y los empresarios del sector, para efectuar cambios profundos en el sistema de transporte capitalino, se cuenta como uno más de los proyectos fracasados en las políticas de movilidad urbana.
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El 30 de julio del año pasado, en el Palacio Nacional de la Cultura, el presidente ílvaro Colom, junto con los empresarios organizados del transporte capitalino, hizo uno de los anuncios que pudo ser el más importante de su mandato. Presentó el sistema TransUrbano.
En esa ocasión se informó que el nuevo sistema de transporte capitalino tendría un costo de Q5 millardos, que los empresarios cancelarían con un programa de crédito brasileño. Por otra parte, el Ejecutivo estaría al frente de la adquisición del sistema de cobro prepago para los buses. Todo para garantizar un servicio seguro y de óptima calidad.
Más de 14 meses después, el anuncio de Colom se cuenta como un fracaso. Los usuarios califican el mal servicio del transporte, que dista mucho de lo que ofreció la Asociación de Empresarios de Autobuses Urbanos (AEAU) -los empresarios del sector-.
Esto, porque aunque ya pasaron varios meses desde el inicio de operaciones, todavía no se implementan de lleno «paradas seguras», las cámaras de seguridad en las unidades de transporte no funcionan por completo y no se controla con eficacia el uso de las tarjetas prepago, de acuerdo con una verificación in situ realizada por Diario La Hora. Todo ello deriva en que el transporte sea inseguro y poco efectivo, lo cual contradice la promesa oficial.
Es de hacer notar que sólo algunas de las paradas para los nuevos autobuses cuentan con los sistemas de seguridad necesarios para evitar atracos, mientras que en el interior de las unidades de transporte no se controla adecuadamente quienes lo abordan. Tampoco se tiene grabaciones de lo que adentro ocurre en algunos buses, ante la falta de cámaras de vigilancia.
Con apenas cuatro días de haber iniciado a funcionar, se reportó el primer ataque a una unidad del TransUrbano, que fue baleada en la 40 calle y Avenida Santa Cecilia, zona 8. No se reportaron heridos, sólo la captura de un joven de 15 años, sindicado de ser el responsable del hecho.
«NINGUNA INFORMACIí“N»
Luis Gómez, vicepresidente de la AEAU, respecto de la ausencia de seguridad en las paradas, afirmó que no tiene ninguna información.
«Según nosotros todas las paradas tienen su guardia de seguridad, y lo único que hacen en algún momento es ir al sanitario. Hay paradas que tienen dos agentes», indicó.
Por otro lado, explicó que la seguridad del TransUrbano es parte de todo el sistema de transporte urbano de la Ciudad Capital, en el que desde hace más de año y medio se ha invertido para contratar a más de 2 mil agentes de seguridad, aunque «no podemos indicar cuánto se invierte en la seguridad, tampoco en el monto total».
Pese a ello, en TransUrbano sólo hay cien agentes rotándose, lo que implica que de los 168 buses, 68 carecen de seguridad.
Gómez expresó que desde junio no se les ha entregado el subsidio mensual pactado, lo que a su criterio, ha repercutido en el aspecto operativo de los buses, pero comprende que el problema deviene de la falta de liquidez en el Estado.
FINANZAS
Con respecto al subsidio, el Ministerio de Finanzas (Minfin) informó que, de acuerdo con el Decreto Número 72-2008 y sus modificaciones, el monto aprobado para el Transporte Urbano en la Ciudad de Guatemala para el ejercicio fiscal 2010 es de Q319 millones.
Sin embargo, con fecha 27-09-2010 fue aprobado el Acuerdo Gubernativo de Presupuesto Número 21-2010, el cual autoriza la modificación presupuestaria por Q63 millones a favor del Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, para que éste pueda trasladar durante el presente año, el subsidio al transporte urbano a través de la Asociación de Empresas de Autobuses Urbanos de la ciudad de Guatemala.
Según el Minfin, del mes de enero a mayo fueron entregados a la AEAU Q133 millones. «La cantidad que resta del aporte vigente será trasladada a los empresarios, siempre que los ingresos muestren un comportamiento positivo al cierre del presente ejercicio fiscal».
¿Se entregará el monto total del subsidio a los empresarios dependiendo de los ingresos del Estado, o del buen servicio que se presente?
Por otra parte, refiere el Minfin, en el transcurso de este año se tiene previsto pagar otros 80 millones de quetzales para avanzar en el traslado de los 35 millones de dólares, que es el aporte total del Gobierno por la implementación del sistema prepago, pese a que éste no funciona con efectividad. En algunas unidades, una persona paga el pasaje de otras.
Esto hace cuestionar cómo se ha manejado ese dinero y cómo se invertirá, si hasta la fecha no se ha logrado concluir la primera fase, que de acuerdo a lo planificado iniciaría en julio abarcando las zonas 12 y 21, y las siguientes fases iniciarían a partir del mes de agosto.
Gómez comenta que hace 20 días ingresaron al país otras 98 unidades de transporte. Falta completar los trámites aduaneros y se concluye la primera fase.
¿HASTA CUíNDO?
Edgar Guerra, de la Asociación de Usuarios del Transporte Urbano y Extraurbano (AUTUE) comenta que los policías privados -quienes deberían resguardar el transporte- se convirtieron en ayudantes de los pilotos. «Se han recibido varias denuncias de que los pilotos y policías no prestan una orientación adecuada ni aceptable».
Esta situación es seria, pues tampoco se controla correctamente al personal contratado para presentar lo que debería ser un servicio de transporte cómodo, eficaz y seguro. «Hay muchas paradas que no sólo no tienen guardia de seguridad, sino que están mal diseñadas. Eso es sólo un punto del deficiente sistema. ¿Hasta cuándo aguantará el pueblo de Guatemala que los mismos dueños del TransUrbano y los buses rojos permitan los cobros indebidos, sin prestar un servicio público digno?».
«Lo peor será que requerirán muchos más recursos económicos, donde hasta la fecha a los guatemaltecos nos ha costado 80 millones de quetzales en la instalación de cámaras de seguridad; Q27 millones de quetzales en la primera fase de paradas seguras», sostiene Guerra.
El representante de AUTUE analiza que la frágil seguridad en este sistema se ha mantenido estable gracias a la poca cantidad de buses que circulan en zonas que no son peligrosas. «Lo delicado sería cuando se logre implementar el sistema completo; se perdería completamente el control, ya que con el que apenas funciona carece de seguridad y calidad».
«Falta ver qué harán con las demás paradas; más 35 millones de dólares del sistema prepago seguramente seguirán pidiendo más dinero y tal vez ya lo tienen, dado que hay un apoyo irrestricto del Presidente de la República hacia este proyecto, hay un compromiso excesivo por parte de él», concluyó.
Más de 100 mil usuarios utilizan el TransUrbano diariamente. Cerca de 560 mil personas tienen una Tarjeta del Sistema Integrado Guatemalteco de Autobuses (SIGA). 168 buses que circulan en la primera fase. 98 buses pendientes de la primera fase. 2,884 buses pendientes de circular.
Diario La Hora realizó un recorrido en una de las unidades de TransUrbano que se dirigía hacia Nimajuyú, partiendo en la tercera avenida y décima calle de la zona 1.
El primer problema se presenció entre la 15 y 16 calles de la citada zona: los buses urbanos «rojos» hacen cualquier cosa para impedir el paso del TransUrbano. Tres unidades de estos nuevos buses hicieron fila, a la espera de que los buses convencionales les permitieran transitar.
Al llegar a la primera parada «segura» se intentó localizar al agente de seguridad -que debería estar en el lugar- y se observó una persona con una gorra azul, con el logo de SIGA, utilizando un teléfono de monedas. El guardia daba la espalda a las personas mientras se cubría un oído para escuchar mejor su conversación.
El recorrido llegó hasta una parada de la avenida Atanasio Tzul, donde al observar un congestionamiento fuerte de vehículos, realizó variaciones en la ruta introduciéndose en calles de la zona 8.
Posteriormente salió al bulevar que conduce al Trébol, aproximadamente 300 metros lejos de la parada del IGSS de Pamplona. Un usuario se puso de pie para protestar por el cambio de las rutas. El bus se detuvo donde no existen paradas seguras dejando descender al usuario molesto.
Esto contradice nuevamente otro de los lineamientos de la creación del sistema de transporte, ya que se pretendía establecer paradas inamovibles para evitar congestionamiento vial.
Ya en la Avenida Petapa, nueve de las 16 paradas visitadas carecían de guardias de seguridad. Sin embargo, cabe resaltar que recién inaugurado el sistema de transporte, todas las paradas contaban con la presencia de un agente de seguridad.
Al finalizar el recorrido en El Obelisco, Bulevar Liberación, zona 9, el bus se detuvo, aunque no había una «parada segura» y faltaba la presencia de un guardia de seguridad.