El recordado maestro, Dr. Hugo Cerezo Dardón, me decía una vez que las ruinas que los terremotos dejaron en la soñada Antigua Guatemala, no debían reconstruirse, para que la vieja ciudad colonial mantuviera el encanto de la imaginación sobre lo que fue. En verdad no le faltaba razón al maestro, aunque no en un cien por ciento. Recuerdo que en 1955 o 56, el Gobierno patrocinó un festival nacional de arte y cultura y parte del programa fue organizar una masa coral que interpretara la Coral de la Novena Sinfonía de Beethoven.
Para eso se conjuntó al Coro Guatemala, al Coro Internormal, al Coro de la Universidad y otros coros que existían en ese entonces, llegado a casi 150 voces, entre tenores, contraltos, bajos y más. Y para quienes debían actuar como solistas, diría yo, se contrató a cantantes renombrados de El Salvador. En cuanto al Coro Internormal, al que yo pertenecía, el encargado de enseñarnos la Coral fue el maestro Antonio Vidal, con un grande esfuerzo, porque había que aprendérsela en alemán, aunque de su traducción estuviéramos en “gallo”. Llegado el momento de la actuación, acompañados de la Orquesta Sinfónica Nacional, se interpretó la Coral en las ruinas de San Francisco, en la Antigua Guatemala. Años después, el gobierno restauró el templo, al que acudo con mi familia a servicios religiosos del sábado: de la aventura de interpretar a Beethoven, solo queda el recuerdo. El templo luce imponente y sobrio; y por eso digo que ante la tesis de Hugo Cerezo, “depende”… ¿Por qué esta introducción? Pues, resulta que en la Antigua Guatemala está el primer edificio en donde funcionó la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, hoy conocida como Universidad de San Carlos de Guatemala, en donde el visitante puede tener un encuentro con lo que era la vida académica de ese tiempo, además de admirar la bella construcción colonial, con su pila octogonal al centro del amplio patio central, a la que semeja el edificio de la querida Facultad de Derecho, en el Centro Histórico de la capital. ¿Quién tiene a su cargo la conservación del edificio, por el que se esforzaron el Obispo Marroquín y el Capitán Crespo Suárez? Ignoro si esa responsabilidad es de la Universidad de San Carlos o del Ministerio de Cultura y Deportes. Los cierto es que todas la paredes exteriores se están destruyendo y mostrando los ladrillos y piedras que se usaron en la construcción, dando la sensación de que hay abandono de la antigua sede de la Universidad. Quizá se medio sostiene de los pinches quetzales que cobran por entrar al recinto. Hace unos días pregunté en la Dirección de Extensión de la Universidad, sobre quién es el responsable de esa instalación; pero, según entendí, es el gobierno y seguramente el Ministerio de Cultura y Deportes. Si es así, uno no se explica la falta de atención que se le pone a estos deterioros que no exigen más que buen repello y pintura, salvo que los conservadores exijan otra cosa. Yo sugeriría a la autoridades de la Universidad de San Carlos que gestionen, si ese fuera el caso, que el edificio vuelva al Patrimonio de la Universidad de San Carlos, en donde se podría desarrollar una trascendente labor cultural, como la que hace el licenciado Piky Días Castillo en la Convento Santo Tomás, creo que así se le conoce, el que sí está administrado por la USAC. Espero que hacer ver este descuido de nuestro patrimonio cultural, tenga algún resultado positivo y despierte a la autoridad de su inexplicable indiferencia. Y como corolario, me alegro que al fin todos las pinturas del siglo XIX y principios del XX, de hombres ilustres de la Independencia y del Foro de Guatemala, hayan sido entregados al MUSAC, para ser restaurados y que luzcan en el General Mayor, en donde debieron estar hace muchos años y no abandonados en el edificio de la Facultad de Derecho de la zona 12. Tanta desidia era imperdonable.