Uno de los valores que debe cultivarse en los niños desde muy temprana edad es el de la responsabilidad y, sin embargo, es uno de los aspectos a veces más ignorados o no tomados en serio por los padres de familia. Como se suele decir, ser responsable significa «responder» por nuestros actos, asumir la vida y obrar con prudencia. Encarnar semejante disposición de ánimo implica por parte de los responsables de la educación un compromiso de altos niveles.
La responsabilidad es tan importante en la vida que sin ésta se pone en riesgo no sólo el éxito profesional sino también la propia felicidad humana. Los padres no pueden ignorar este valor y deben, por el contrario, poner manos a la obra en el cultivo de una cualidad, para algunos, «cardinal». ¿Qué pueden hacer al respecto? Aquí van algunas sugerencias.
En primer lugar, desde pequeños hay que asignar a los niños pequeñas tareas. Hay que pedirles, por ejemplo, que arreglen la cama, ordenen los juguetes y cumplan con los primeros deberes escolares. Al principio hay que hacerlo con ellos, acompañarlos en la labor, pero poco a poco debe dejárseles solos. Esta actividad realizada cotidianamente, con el tiempo se volverá rutina y les habremos enseñado que en casa, por decir algo, todos tienen una labor qué cumplir (una responsabilidad).
En segundo lugar, a la par de las actividades prácticas y las asignaciones de las que se habló, debe explicárseles el valor de la responsabilidad. En el tema educativo, la palabra y el consejo tienen una importancia permanente. A este respecto se puede aprovechar para conversar sobre el valor del trabajo, la satisfacción de la tarea realizada y el provecho que se saca cuando, de manera ordenada, se alcanzan las metas.
Una estrategia que puede ser útil consiste en leer juntos anécdotas, cuentos o biografías de personajes que hayan encarnado valores. No dude visitar una librería para agenciarse de un buen texto. La idea consiste en que usted subraye las cualidades de los héroes y exalte esos rasgos de carácter sin los que las hazañas no existirían. Propóngalos como modelos e indique que esos talentos son perfectamente alcanzables con determinación, disciplina y constancia.Â
Si no se quiere usar historias ajenas, aproveche para conversar con los niños sobre la historia familiar. Hable del origen de los abuelos, del trabajo propio y de cómo con fatiga, pero con constancia, ha llegado usted mismo hasta el lugar donde está. Si se es creyente, incluso puede echar mano de la religión. Puede hablar de Jesús (si es cristiano), del ejemplo de los santos y hasta leer juntos la Biblia.
Finalmente, como contraste, se puede hacer una crítica a la irresponsabilidad. Sin juzgar a los otros (se puede hablar del pecado, pero nunca del pecador), ponga ejemplos, lea fábulas y muestre los efectos perniciosos de la vida desordenada y díscola.
Como en todo lo ligado a la educación, el ejemplo propio es vital. Seamos responsables y comencemos a mostrar esa virtud educando bien a nuestros hijos. Ellos nos lo van a agradecer.