La represión de nuestros dí­as


«Soportamos las represiones, pero sufrimos las burlas. Preferimos ser malos a ser ridí­culos», Molií¨re

Gerson Ortiz
lahora@lahora.com.gt

Cierto es que un poco lejos han ido quedando aquellas acciones represivas y exacerbadas ejercidas por los gobiernos militares que, según testimonios de nuestros padres, abuelos, tí­os, catedráticos e incluso uno que otro compañero universitario que sobrevivió a todo aquello, sembraron el miedo en cada rincón de la existencia.

Afirmaciones como: «antes no se podí­a hablar de eso», o «en aquel tiempo no podí­as hacer esa pregunta», nos han compartido los compañeros que vivieron aquellos tiempos donde el menor indicio de organización o pensamiento distinto al oficial era reprimido incluso con la eliminación fí­sica.

Rodrigo Borja hace una definición polí­tica de represión así­: coerción «violenta» de la conducta de las personas por el gobierno a través de sus aparatos de fuerza y que puede tener «distintos modos e intensidades» según el tipo de gobierno.

Quizá la mayor diferencia entre aquel tiempo y el actual sea que la represión ya no es oficial, pero de que existe, existe: las polí­ticas de limpieza social implementadas por grupos infiltrados en las «fuerzas de Estado» en contra de presuntos miembros de pandillas y los desalojos en contra de comunidades enteras sin tierra, podrí­an ser dos ejemplos a citar.

Sin embargo, las acciones represivas no son únicamente de persona a persona, por así­ llamarlo. Por ejemplo: en la esquina de la 5 calle y 9 avenida de la zona 1, se leyó algún dí­a algo así­: «hay un paí­s donde la salud y la educación son un derecho para todas y todos…», detrás de aquella cita, una bandera de Cuba ondeaba y hablaba por sí­ sola, pero bastó un poco de pintura para cubrir aquel mural.

Es decir, la represión podrí­a ya no estar oficializada y venir directamente del gobierno, pero sí­ continúa ejerciéndose. ¿Cómo?, pues a veces por medio de aquellos que, dictadura tras dictadura, parece que no tuvieron más remedio que adoptar esas ideas y hoy en dí­a las reproducen cuestionándose: «Â¿qué edad tení­a usted cuando eso pasó para que lo aborde?», y quizá agreguen: «qué saben esos patojos».

Es cierto, tal vez no habí­amos nacido o tení­amos muy poca edad para aquellos dí­as, pero también es cierto que la represión, que es practicada por algunos adultos contra los jóvenes respecto al planteamiento de algunas ideas u otras manifestaciones, sigue impidiendo el paso a la igualdad y la democracia.

Silvio Rodrí­guez dice, y aunque esto no es una melodí­a: «agradezco la participación de todos los que colaboraron en esta melodí­a; se debe subrayar la importante tarea de los perseguidores de cualquier nacimiento. Si alguien que me escucha se viera retratado, sépase que se hace con ese destino…», los jóvenes entendemos la situación, pero no estamos dispuestos a callar.