Los guatemaltecos hemos estado desde hace muchos años en la oscuridad respecto de las actividades que ejecuta el Estado a través de Gobierno. Esa necesidad de saber en qué, cómo y para qué se invierten los fondos nacionales nunca ha sido satisfecha.
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Poco a poco, a la fuerza, conminados, cuasi obligados y en algunos casos por orden de los órganos jurisdiccionales, algunos funcionarios han tenido que rendir cuentas sobre el manejo de los fondos asignados a las dependencias que dirigen; sin embargo, en la mayoría de casos, esa realidad ha sido muy pero muy pequeña.
Los ejemplos que tenemos a través de la Historia de Guatemala, nos indican que la mayoría de los gobernantes que ha tenido el país, dispusieron de los fondos del erario nacional para algunos de sus muy variados intereses particulares, desde la construcción de infraestructura vial (puentes, carreteras y hasta pistas de aterrizaje) para transportar los productos como azúcar, cardamomo, añil, maíz, frijol, de sus haciendas, tierras, fincas y granjas; hacia los puntos de exportación o mercados de venta.
Al hacer un estudio de las conductas presidenciales a través del tiempo, analizando las granjerías a que tuvieron acceso, las imposiciones impuestas por ellos mismos al Estado mediante la creación de leyes, reglamentos, acuerdos o bien órdenes verbales para lograr sus fines de forma «legal», la amenaza política, entenderemos el porqué de algunas transacciones políticas para derrocar gobernantes.
Existen excepciones muy, pero muy honrosas, de personas probas, decentes, educadas y correctas que ejercieron y que ejercen gobierno, pero en términos generales es lamentable que a través de los años, los gobernantes de Guatemala (esto incluye a toda la gama de designados a la Presidencia, Vicepresidentes, Secretarios de Estado, Ministros, Viceministros, Comisionados Presidenciales, Directores Generales, Funcionarios y Empleados Públicos de los Organismos del Estado: Legislativo, Ejecutivo y Judicial) hayan aprovechado sus cargos para convertirse en millonarios o bien para enriquecerse hasta la brutalidad como lo demuestra la historia reciente.
De ello deriva, la necesidad que el Estado transparente sus funciones y que el ejercicio del derecho a ser informado sea ejercido de manera plena apoyado en las leyes vigentes del libre acceso a la información, obligatoriedad de rendición de cuentas y controles fiscales.
Por los hechos y casos sucedidos, como que ya empezamos a recorrer ese camino; será de beneficio para la sociedad guatemalteca y sobre todo, la recuperación de la dignidad de los servidores públicos a efecto de que no se generalice la estigmatización que les persigue.