La «reina de los intocables»


En Varanasi, un oficial de mesa verifica los documentos y la lista de votantes en ví­speras de las elecciones parlamentarias en la India. Dichos comicios se llevarán a cabo en cinco fases: el 16, 23 y 30 de abril, así­ como el 7 y 13 de mayo. El nuevo parlamento estará constituido antes del 2 de junio. 

AFP PHOTO/Prakash SINGH» title=»En Varanasi, un oficial de mesa verifica los documentos y la lista de votantes en ví­speras de las elecciones parlamentarias en la India. Dichos comicios se llevarán a cabo en cinco fases: el 16, 23 y 30 de abril, así­ como el 7 y 13 de mayo. El nuevo parlamento estará constituido antes del 2 de junio. 

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<p>La «reina de los intocables», Mayawati Kumari, llega en helicóptero a la aldea de Nuh, al sur de Nueva Delhi, bajo un sol de bochorno, para arengar a sus partidarios en un mitin de la campaña de las elecciones legislativas de India, en las que se presenta como la tercera en discordia.</p>
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En la aldea de Nuh, a 100 kilómetros de la capital india, miles de hindúes y musulmanes pobres han venido para ver y oí­r a Mayawati Kumari, una «dalit» o «intocable», quien les promete «cambiar su destino» si se convierte en primera ministra tras los comicios que se celebran entre el 16 de abril y el 13 de mayo.

«Hermanos y hermanas, ¡les ruego que no voten para el (Partido del) Congreso ni por el BJP que sólo sirven a los ricos, desatienden y engañan siempre a los pobres!», ataca la dirigente, frente a una multitud de hombres con túnica blanca y turbante, separados de sus esposas en sari, reunidas en un recodo del terreno junto a sus hijos.

A sus 53 años, la lí­der del Partido de la Sociedad Dalit (BSP) y jefa desde 1995 del gobierno del Estado de Uttar Pradesh (norte, 182 millones de habitantes) podrí­a ponerle las cosas difí­ciles al Partido del Congreso en el poder y a la oposición nacionalista hindú del Partido del Pueblo Indio (BJP).

Con el estallido del paisaje polí­tico nacional indio y gracias al peso de los partidos regionales y a los juegos de alianzas, esta ex maestra de primaria podrí­a incluso acceder al puesto de primera ministra de la Unión Federal India.

Serí­a una primicia, aunque la «mayor democracia del mundo» ya tuvo a un presidente de la República «intocable», Kocheril Raman Narayanan (1997-2002).

Estas elecciones «nos ofrecen la oportunidad de cambiar nuestro destino», lanza Mayawati a los 5.000 seguidores que la esperaron durante horas.

Los indios de la casta inferior de los «dalits» -165 millones, de un total 1.170 millones de habitantes- se quejan de los obstáculos que se les interponen para la entrada al mercado laboral, a la vivienda y al sistema educativo.

Los actos violentos y vejaciones contra los indios de castas inferiores son frecuentes, pese a que los textos prohí­ben toda discriminación basada en la pertenencia a una casta. La «intocabilidad» fue formalmente abolida por la Constitución India del 26 de enero de 1950, pero la ONU juzgó en 2007 que «de hecho, la segregación persiste».

«Somos pobres y estamos oprimidos. Necesitamos dinero y trabajo para sobrevivir», se lamenta Ravinder, un «dalit» de 20 años.

Tras haberla visto en la televisión, Sona, una «intocable» de unos 40 años, viene también para escuchar a su í­dolo que «promete empleos a las castas bajas».

«Ningún gobierno ha hecho nunca nada por nosotros», denuncia, pese a que India aplica desde hace décadas una polí­tica de cuotas a favor de las castas inferiores.

La «hermana» Mayawati, o «reina de los intocables», nació en 1956 en una familia de curtidores cerca de Delhi. En los años 80, el presidente del BSP, Kanshi Ram, la descubre y la convence para entrar en polí­tica.

«Se parece a nosotros, entiende nuestros problemas y sabe lo que es ser pobre», asegura Somvati, una trapera que sufre de cataratas, madre de seis niños.

A pesar de las acusaciones de corrupción y de enriquecimiento personal publicadas por la prensa, la popularidad de Mayawati no mengua.

Para lograr la reelección en 2007 en Uttar Pradesh, amplió su base electoral seduciendo a los indios de las castas altas -brahmanes- y a los de confesión musulmana.

Cuenta con aplicar la misma receta para instalarse a la cabeza del paí­s.

CANDIDATOS Singh y Advani


Salvo su avanzada edad, todo opone al primer ministro indio saliente, el sij Manmohan Singh, a su rival nacionalista hindú Lal Krishna Advani, candidatos en las elecciones legislativas indias de un mes que empiezan el jueves.

A sus 76 años, Singh espera renovar su mandato de primer ministro, un puesto que ejerce desde la victoria en mayo de 2004 del Partido del Congreso de la influyente Sonia Gandhi.

Frente a él, Advani, de 81 años, otro veterano de la polí­tica, viceprimer ministro y ministro de Interior entre 1998 y 2004, es el candidato de la gran formación de la oposición nacionalista hindú, el Partido del Pueblo Indio (BJP).

Los comicios se desarrollarán en cinco etapas, hasta el 13 de mayo, para designar a 543 diputados de la Asamblea Popular que representan a 35 Estados y territorios indios. Unos 714 millones de indios están convocados a las urnas.

Primer sij en haber accedido al puesto de primer ministro, Singh se ha labrado una talla nacional e internacional de hombre de Estado, al liberalizar la economí­a india cuando fue ministro de Finanzas de 1991 a 1996.

Lleva cinco años liderando una coalición de centro-izquierda -que cuenta con el voto de centenares de millones de indios desfavorecidos y apoyada por partidos comunistas- en los que ha acompañado el «milagro económico» indio.

Pero la imagen de Singh se vio afectada en 2008 por la contaminación de la crisis mundial al gigante asiático.

Enfrentado a una inflación rampante y a la fuerte desaceleración del crecimiento, fue abandonado por sus aliados marxistas, que no le perdonaron el acuerdo sobre la energí­a nuclear civil con Estados Unidos.

Para los próximos cinco años, se ha comprometido a trabajar por «un crecimiento más justo», en un paí­s con cientos de millones de pobres.

Manhoma Singh nació el 26 de septiembre de 1932 en un pueblo de Penyab, hoy territorio paquistaní­. Durante la partición del «Raj» británico en agosto de 1947, la familia Singh dejó el nuevo pakistán independiente para instalarse en Amritsar, la ciudad santa de los sijs en India.

Singh, economista brillante, estudió en Cambridge y en Oxford; alto funcionario con fama de honrado, fue gobernador del banco central y responsable del Fondo Monetario Internacional (FMI) antes de reconvertirse en la polí­tica.

Su rival, Advani, periodista de formación, también nació en lo que ahora es Pakistán, en Karachi (sur), el 8 de noviembre de 1927.

Y también tiene una reputación de polí­tico í­ntegro y eficaz, aunque no logra deshacerse de la imagen de «halcón» de la derecha hindú.

Estuvo presente durante los incidentes del 6 de diciembre de 1992, cuando miles de fanáticos hindúes destrozaron una mezquita del siglo XVI en Ayodya (norte). Los disturbios dejaron unos 2.000 muertos.

También fue criticado en el verano boreal de 2002, cuando era ministro del Interior, por su laxismo durante nuevos episodios violentos entre hindúes y musulmanes en Gujarat (oeste), donde murieron otras 2.000 personas.

En 2005, desató la ira de los radicales hindúes del BJP y estuvo a punto de perder la presidencia del partido tras haber elogiado, en un viaje a Pakistán, al padre fundador de la nación vecina, el musulmán Mohamed Ali Jinnah.

India, que en 62 años de independencia se convirtió en una potencia atómica y en la décima economí­a mundial, cuenta con una mayorí­a de hindúes (80,5%) seguida por los musulmanes (13,5%), los cristianos (2,3%) y los sijs (1,9%).